¿Y la oposición apá?

En Quintana Roo la oposición parece haber optado por el peor de los papeles posibles rumbo a la sucesión gubernamental de 2027...

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En Quintana Roo la oposición parece haber optado por el peor de los papeles posibles rumbo a la sucesión gubernamental de 2027: el de simple espectador. Mientras Morena acelera motores, mueve fichas, mide perfiles y prácticamente convierte la carrera por la candidatura en un espectáculo adelantado, del otro lado lo único que se escucha es silencio. Un silencio preocupante. Un silencio que, más que estrategia, parece resignación.

Porque aunque el proceso electoral arrancará formalmente dentro de algunos meses, el partido guinda ya decidió adelantar los tiempos. El famoso “coordinador” o “coordinadora” que será ungido el próximo 22 de junio terminará siendo, en los hechos, el candidato o candidata a la gubernatura. Todos lo saben. Morena lo sabe. Los aspirantes lo saben. La clase política lo sabe. Y la ciudadanía también.

Por eso hoy la conversación pública gira en torno a nombres como Rafael Marín Mollinedo, Eugenio 'Gino' Segura o Ana Paty Peralta. Cada uno con sus grupos, sus operadores, sus estructuras y sus campañas disfrazadas de entrevistas, eventos o recorridos. Morena vive ya una precampaña abierta, aunque oficialmente todavía no lo sea.

¿Y la oposición? Nomás mirando.

Ni el PAN, ni el PRI, ni Movimiento Ciudadano, ni lo que queda del PRD parecen tener claridad de hacia dónde van. No hay figuras posicionadas. No hay discurso. No hay narrativa. No hay liderazgos frescos capaces de competir contra la maquinaria morenista. Pareciera que renunciaron antes de comenzar la pelea.

Lo más preocupante para la democracia no es solamente que Morena lleve ventaja —eso puede ser natural tras años en el poder y altos niveles de aprobación presidencial—, sino que enfrente no exista un contrapeso serio. Porque cuando una elección deja de ser competitiva y se convierte en un simple trámite interno de un solo partido, la ciudadanía pierde opciones reales.

Hoy la verdadera contienda parece estar dentro de Morena, no fuera de él. Ahí se están dando los jaloneos, las alianzas, los acuerdos y las operaciones políticas. Ahí está el suspenso. Ahí está el poder. Mientras tanto, la oposición permanece como el chinito: “nomás milando”.

Y eso puede resultar peligrosísimo para el estado.

Porque una democracia sana necesita competencia auténtica, debate de ideas y vigilancia política. Necesita oposiciones fuertes, inteligentes y capaces de señalar errores del gobierno. Si no existe ese equilibrio, el riesgo es caer en excesos, soberbia y decisiones tomadas sin costo político alguno.

Morena, por supuesto, tiene todo el derecho de organizarse y adelantarse. El problema es que enfrente no parece haber nadie dispuesto siquiera a intentar detener la aplanadora.

A este paso, la elección de 2027 en Quintana Roo corre el riesgo de convertirse en una contienda unipartidista, donde lo verdaderamente importante no sea quién ganará la gubernatura, sino cuál de los grupos de Morena se quedará con ella.

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