Tres grupos
Existe el músico formado de manera autodidacta, que quizá nunca pasó por un conservatorio...
Existe el músico formado de manera autodidacta, que quizá nunca pasó por un conservatorio, pero estudia, investiga, escucha, practica y desarrolla una ética profesional sólida. La historia de la música está llena de ejemplos de este tipo.
Hay el músico con formación académica, que además de los conocimientos adquiridos en una institución mantiene disciplina, humildad y aprendizaje permanente. Y la persona que cobra por haciéndolo sin preparación ni interés por mejorar, pero que ocupa espacios sin calidad musical: relaciones personales, marketing, apariencia, amistad, habilidad para venderse, etcétera. La pregunta es: ¿por qué el tercero desplaza a los demás?
El mercado no siempre premia la excelencia. Premia la visibilidad. Pasas cuarenta años estudiando armonía, contrapunto, análisis y repertorio, pero, alguien con mucha presencia en redes sociales, consigue más contratos y no necesariamente porque sea mejor. Los contratantes no tienen herramientas para evaluar la calidad artística, saben de costos, cuántos seguidores tiene o qué tan popular es, pero no distinguen entre una interpretación correcta y una sobresaliente, generando frustración legítima entre los profesionales serios.
Los espacios obtenidos por relaciones y apariencia suelen ser frágiles. Los obtenidos por conocimiento, disciplina y profesionalismo son más duraderos. La música es una profesión extraña que cuenta con dos sistemas de valoración: El artístico, donde cuentan el conocimiento, la técnica, la sensibilidad y la experiencia. Y el mercantil y social, donde cuentan la popularidad, la imagen, las relaciones y la promoción. A veces coinciden. A veces no. El problema aparece cuando dejan de valorar la preparación y terminan confundiendo fama con capacidad, exposición con talento y ocurrencia con conocimiento. La consecuencia es que no solo pierde la música, pierde toda la cultura.
No podemos enviar el mensaje de: No estudies, no practiques, no te prepares; basta con parecer competente. Y la historia demuestra que ninguna disciplina prospera mucho tiempo bajo esa lógica. La excelencia se logra con años de trabajo, estudio y disciplina.
Esto desgraciadamente existe en la música, la política, la educación, la administración pública, el deporte y prácticamente en cualquier profesión. Hasta la próxima semana.
