Sin oposición y con Morena trenzado

A menos de un año de que Quintana Roo acuda a las urnas para elegir a su próximo gobernador y cuando apenas faltan unas semanas...

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A menos de un año de que Quintana Roo acuda a las urnas para elegir a su próximo gobernador y cuando apenas faltan unas semanas para que inicie formalmente el proceso electoral, hay una realidad que salta a la vista: la oposición simplemente no aparece.

PRI, PAN, Movimiento Ciudadano y el resto de las fuerzas políticas han permanecido prácticamente invisibles. No hay un liderazgo que despierte entusiasmo, no existe una figura que encabece un proyecto alternativo de gobierno y tampoco se percibe una estrategia que permita competir seriamente contra la maquinaria política que hoy representa Morena y sus aliados. La ausencia de un contrapeso sólido ha provocado que la conversación política en Quintana Roo no se centre en la disputa entre partidos, sino en lo que sucede al interior del propio movimiento gobernante.

Paradójicamente, el mayor riesgo para Morena no parece estar enfrente, sino dentro de casa.

Las versiones sobre posibles fracturas internas comienzan a cobrar fuerza conforme se acerca la definición de la candidatura. Se habla de inconformidad entre algunos fundadores del partido, quienes habrían advertido que no respaldarían al instituto político si el candidato no fuera Rafael Marín Mollinedo. Más allá de si esas expresiones terminan materializándose o no, evidencian que la unidad no puede darse por descontada.

Pero el escenario también funciona en sentido contrario. Si finalmente Rafael Marín fuera el elegido para encabezar la candidatura, también existen voces que consideran probable un distanciamiento con el Partido Verde Ecologista de México, aliado fundamental de Morena durante los últimos procesos electorales y pieza clave en la construcción de las mayorías que hoy gobiernan Quintana Roo.

Es decir, mientras la oposición permanece sin rumbo ni protagonismo, el verdadero juego político se desarrolla al interior de Morena. Ahí se definirán no solamente las candidaturas, sino la capacidad del movimiento para mantener cohesionada una alianza que ha resultado altamente competitiva.

La historia política demuestra que muchas elecciones no las gana necesariamente quien tiene más fuerza, sino quien logra conservar la unidad. Las divisiones internas suelen abrir espacios que parecían inexistentes para los adversarios.

Sin embargo, hasta este momento, esos adversarios continúan sin aparecer. La oposición parece haber renunciado a construir una alternativa y observa desde la barrera cómo Morena procesa sus diferencias.

Todavía queda tiempo para que el panorama cambie. Las campañas aún no comienzan y la política suele dar giros inesperados. Pero conforme avanza el calendario, resulta inevitable preguntarse si la verdadera contienda por la gubernatura de Quintana Roo se librará entre distintos partidos o, como todo parece indicar hoy, entre las distintas corrientes que conviven dentro de Morena.

Porque, al menos por ahora, la oposición sigue sin levantar la mano.

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