No entiendo
Viviendo una carrera donde el prestigio se construyó con innumerables horas de estudio, me desconcierta una cultura ...
Viviendo una carrera donde el prestigio se construyó con innumerables horas de estudio, me desconcierta una cultura donde el reconocimiento parece llegar antes que la competencia. Y aquí, hay varios fenómenos que cohabitan al mismo tiempo.
Primero es el cambio en el modelo de éxito. Hasta el siglo XX, un músico aspiraba a ser bueno para llegar al escenario. Hoy primero es tener visibilidad, creyendo que la calidad se desarrolle después. El mundo ha invertido el orden: primero audiencia, luego oficio. Lo segundo, el desconocimiento del costo real de la excelencia.
La mayoría no ha visto el proceso detrás de un músico. Ven un concierto de dos horas, pero no las diez o quince mil horas de práctica que hubo antes y piensan que tocar profesionalmente es simplemente "animarse".
El tercero es un problema educativo. Mentira que el talento es suficiente y que cualquier disciplina puede aprenderse "sobre la marcha". En música esto no funciona y es una de las profesiones donde la evidencia del trabajo es inmediata: un instrumento no acepta discursos; revela el nivel real de preparación en cuanto se produce el primer sonido. Afortunadamente hay jóvenes extraordinariamente disciplinados.
Una minoría desgraciadamente, se pasan estudiando, y haciendo horas de ensayo; y obvio no son visibles. El problema es la enorme facilidad para exponerse y conseguir cierta notoriedad. Hace 30 años, un músico insuficiente difícilmente pasaba de tocar en su colonia.
Hoy puede acumular miles de seguidores, sin embargo, estos no sustituyen la competencia profesional. No todos los grandes músicos comenzaron de niños, hay casos de personas que iniciaron relativamente tarde y alcanzaron niveles sobresalientes gracias a una disciplina extraordinaria.
Lo que sí es prácticamente imposible es comenzar a los veinte años, estudiar de forma superficial y pretender competir pocos años después con alguien con una formación rigurosa. La música no negocia, no premia el entusiasmo por encima del estudio.
Se puede engañar a muchos, pero no a la música misma. Un escenario profesional termina revelando quién hizo el trabajo y quién no.
El arte merece respeto, y ese respeto comienza por la disciplina, el estudio y la humildad para reconocer que siempre queda algo por aprender. Hasta la próxima semana
