Isidoro, una lección vigente
Septiembre llega a su fin y toca la puerta de la memoria. Es inevitable regresar a ese septiembre del 2002, donde los recuerdos en Yucatán tienen forma de tormenta...
Septiembre llega a su fin y toca la puerta de la memoria. Es inevitable regresar a ese septiembre del 2002, donde los recuerdos en Yucatán tienen forma de tormenta. La memoria colectiva se activa cuando recordamos el 22 de septiembre, Isidoro fue el nombre asignado para uno de los huracanes más recordados de las últimas décadas. Isidoro no inició su travesía cuando el viento comenzó a ser más pujante.
Comenzó días antes, cuando las autoridades tomaron conciencia de la situación y entendieron que este huracán iba a ser diferente. La supervisión se intensificó y de esta manera comenzó uno de los mayores operativos de evacuación que haya vivido Yucatán. Alrededor de 68 mil personas fueron puestas a salvo de las zonas costeras; 604 autobuses y minibuses se hicieron cargo de la movilización.
Miles de yucatecos fueron llevados a refugios temporales o trasladados a otros municipios. Isidoro tocó tierra en Telchac Puerto como huracán categoría 3, con vientos sostenidos de 205 kilómetros por hora y rachas de hasta 250. Lo que aconteció después fue una larga jornada de viento y lluvia, inundaciones y destrucción. No es fácil recordarlo, ya que el miedo y la desesperación hicieron presa al estado. Hablar de 35 horas de afectación es un hecho que no se olvida.
Los daños en las viviendas, agricultura, ganadería, comunicaciones y suministro electrónico fueron realmente importantes. Han pasado ya 24 años, sin embargo; septiembre nos recuerda que: un huracán no se enfrenta cuando aparece lejano, en el horizonte, se enfrenta antes con la prevención, una de las grandes enseñanzas que nos han dejado los grandes huracanes que han lacerado a la península de Yucatán. Es verdad que hoy contamos con más tecnología y mecanismos de protección civil.
Es importante destacar que para la temporada de huracanes 2026, el estado cuenta con 31 refugios verificados, además de protocolos de vigilancia, evacuación y atención de emergencia. Tener presente que, ninguna infraestructura va a sustituir la responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros, en lo personal, en lo familiar y en lo colectivo.
Este año todavía no podemos cantar victoria, la amenaza sigue latente ya que la temporada de ciclones tropicales se extiende hasta el 30 de noviembre. Si, llegamos a septiembre, pero la actividad en el Atlántico está activa y más viva que nunca, por eso no debemos confundir una temporada tranquila con una temporada finalizada.
Pero ¿qué debemos hacer? Mantener limpios los patios, cualquier objeto suelto puede ser un proyectil que impacte. Revisar puertas, ventanas y techos. Tener limpio el desagüe. Tener suficiente agua, así como alimentos no perecederos, evitar las compras de pánico, por eso siempre se debe estar bien informado. Radios y lámparas a pilas deben estar a la mano. Hacer caso a las autoridades cuando se lleva a cabo la evacuación es de vital importancia, no podemos esperar hasta el último momento cuando ya nada se puede hacer. Sostener en la memoria a Isidoro no significa llenar una mochila de miedo.
Prepararnos cuando todavía se respira la calma, porque cuando llega el huracán, el tiempo para improvisar, terminó.
