Freno al turismo depredador
Los tiempos y las decisiones han cambiado, y ahora, cuando el desarrollo turístico parecía no tener límites...
Los tiempos y las decisiones han cambiado, y ahora, cuando el desarrollo turístico parecía no tener límites, la determinación de la titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Bárcena, de frenar el proyecto “Perfect Day” de Royal Caribbean en Mahahual representa mucho más que una resolución administrativa: es un mensaje contundente de que el Caribe mexicano no puede seguir sacrificando su riqueza natural en nombre del turismo depredador.
Durante décadas, Quintana Roo ha vivido bajo la lógica de que cualquier inversión turística es bienvenida. Hoteles, muelles, parques temáticos, desarrollos inmobiliarios y megaproyectos han transformado la selva y las costas en mercancía.
Sin embargo, el caso de Mahahual parecía cruzar una línea peligrosa: convertir uno de los ecosistemas más valiosos del planeta en una gigantesca alberca artificial adornada con toboganes monumentales y bares flotantes.
La propia descripción del proyecto resulta alarmante. Más de 30 toboganes, seis piscinas, 24 bares, un río artificial de kilómetro y medio y capacidad para recibir hasta 21 mil personas al día. Todo ello a un costado del segundo arrecife coralino más grande del mundo. Una postal del exceso en medio de uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.
Y es que Mahahual no necesita convertirse en un “Las Vegas acuático” para tener valor turístico. Su riqueza precisamente radica en lo contrario: en sus manglares, en sus arrecifes vivos, en las tortugas que cada año llegan a desovar, en los manatíes que todavía sobreviven y en esa conexión casi milagrosa entre selva y mar que aún resiste en el sur de Quintana Roo.
Los activistas y organizaciones ambientalistas, entre ellos Greenpeace, dieron la batalla correcta. Alertaron sobre la devastación potencial de manglares, dunas costeras y sistemas subterráneos de agua. Recordaron además lo ocurrido en proyectos similares en Bahamas, donde la eliminación de manglares y la contaminación terminaron afectando severamente la biodiversidad marina.
El turismo masivo, cuando no tiene límites ni regulación, termina destruyendo aquello que precisamente vende. Quintana Roo ya conoce las consecuencias: playas erosionadas, arrecifes blanqueados, lagunas contaminadas y selvas fragmentadas. La prosperidad económica no puede medirse únicamente en habitaciones ocupadas o cruceros atracados, sino también en la capacidad de preservar el patrimonio natural para las siguientes generaciones.
La cancelación de “Perfect Day” deja una lección fundamental: el desarrollo sí puede tener frenos cuando la sociedad se organiza y cuando las autoridades escuchan. Más de cuatro millones de firmas ciudadanas respaldaron la exigencia de proteger Mahahual. No es poca cosa. Significa que existe una conciencia ambiental creciente frente a modelos turísticos voraces que privilegian ganancias inmediatas sobre la sustentabilidad.
Hoy Mahahual ganó una batalla. Ganaron los arrecifes, los manglares y las tortugas. Pero la guerra por el Caribe mexicano continúa. Porque siempre habrá intereses económicos intentando vender como “progreso” aquello que en realidad significa devastación.
El verdadero lujo del Caribe no son los toboganes gigantes ni las albercas infinitas. El verdadero tesoro sigue siendo la naturaleza viva. Y esa, una vez destruida, jamás podrá reconstruirse con concreto ni con dólares.
