El desatino político de Cora
Hay decisiones políticas que, más allá de las convicciones personales, deben pasar por el filtro del momento...
Hay decisiones políticas que, más allá de las convicciones personales, deben pasar por el filtro del momento y del sentido de oportunidad. En política no basta con tener memoria; también hay que saber leer el presente. Y justamente eso parece haber olvidado la dirigente estatal del PRI en Quintana Roo, Cora Amalia Castilla Madrid.
Resulta difícil entender que, cuando faltan apenas unos meses para que comience a tomar forma el proceso electoral de 2027, la presidenta del priismo quintanarroense salga en defensa de la administración del exgobernador Roberto Borge Angulo, uno de los personajes más polémicos en la historia reciente del estado.
No se trata de reabrir el debate sobre si su gobierno fue bueno o malo. Cada ciudadano tiene su propia valoración. Lo cierto es que la gestión borgista quedó marcada por una fuerte desaprobación social, por severos cuestionamientos y por decisiones que afectaron a miles de quintanarroenses. Además, el estilo personal de gobernar de Roberto Borge fue ampliamente criticado, incluso por sectores que en algún momento militaron en su mismo partido.
Por eso sorprende que la dirigente priista considere oportuno reivindicar ese sexenio justo cuando el PRI intenta reconstruirse y recuperar la confianza ciudadana. Si algo necesita hoy ese partido es mirar hacia adelante, presentar nuevos cuadros, ofrecer una narrativa distinta y convencer a un electorado que durante años le dio la espalda.
Las declaraciones de Cora Amalia parecen caminar exactamente en sentido contrario. En lugar de marcar distancia de un episodio que representa un alto costo político para el PRI, decide colocarlo nuevamente en el centro del debate público, recordándole a los ciudadanos uno de los capítulos más cuestionados del partido.
Y eso habla de una preocupante falta de tacto político.
Paradójicamente, el PRI vive un momento que, aunque modesto, podría representar una oportunidad para recuperar algo de oxígeno. El reciente triunfo electoral en Coahuila demuestra que, bajo determinadas circunstancias, el partido aún puede ser competitivo. Esa victoria ofrece un respiro y alimenta la esperanza de quienes creen que el priismo todavía tiene espacio para reconstruirse.
Sin embargo, esa reconstrucción difícilmente podrá cimentarse apelando a figuras o gobiernos que siguen generando rechazo entre amplios sectores de la sociedad. La política también consiste en entender los símbolos y los mensajes que se envían. Defender hoy al gobierno de Roberto Borge puede satisfacer a algunos grupos internos, pero hacia el exterior representa un enorme error de cálculo.
El PRI de Quintana Roo necesita construir futuro, no revivir los pasivos que durante años han pesado sobre sus propias siglas. Si pretende competir con posibilidades en 2027, tendrá que demostrar que aprendió de sus errores, que entiende el nuevo ánimo ciudadano y que es capaz de ofrecer algo distinto.
Porque si sus propios dirigentes insisten en mirar por el espejo retrovisor, difícilmente lograrán convencer a los electores de que el camino hacia adelante vale la pena.
