Cuando los reflectores se comparten

En política, los tiempos nunca se detienen, y en Quintana Roo el reloj ya comenzó la cuenta regresiva....

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En política, los tiempos nunca se detienen, y en Quintana Roo el reloj ya comenzó la cuenta regresiva. Falta apenas un mes para que Morena defina a quien llamará “coordinador” o “coordinadora” de la defensa de la Cuarta Transformación en el estado, figura que en los hechos se convertirá en el virtual candidato o candidata a la gubernatura para el 2027. El próximo 22 de junio será una fecha clave para la vida pública de la entidad.

Hasta ahora, la gobernadora Mara Lezama ha concentrado prácticamente todos los reflectores políticos. Su administración ha marcado el ritmo de la agenda estatal y, como ocurre con cualquier gobierno en funciones, el poder se ha ejercido desde un centro claramente definido. Pero la política tiene reglas no escritas que siempre terminan cumpliéndose: cuando se acerca la sucesión, el protagonismo comienza a dividirse.

Dicen que el poder no se comparte. Y quizá sea cierto. Sin embargo, a partir del momento en que Morena revele el nombre de su carta fuerte para suceder a la mandataria estatal, la atención pública inevitablemente comenzará a desplazarse.

Empresarios, grupos políticos, liderazgos sociales, sindicatos y actores económicos empezarán a mirar hacia el futuro inmediato. Así funciona el sistema político mexicano y así ocurre particularmente en los estados donde un partido domina ampliamente el escenario electoral.

Porque más allá de filias o fobias, todo apunta a que Morena llegará como favorito rumbo a la próxima elección. La fuerza política del partido guinda en Quintana Roo parece sólida y difícil de derrotar. La marca pesa.

El movimiento mantiene una estructura territorial importante y conserva altos niveles de aceptación entre amplios sectores de la población. Bajo ese contexto, quien resulte ungido como coordinador o coordinadora no será un actor menor: se convertirá automáticamente en el centro gravitacional de la política local.

A partir de ahí comenzarán las lecturas. ¿Habrá continuidad o ruptura? ¿El próximo proyecto político caminará de la mano de la actual estructura gubernamental o buscará construir una ruta distinta? Son preguntas inevitables en cualquier proceso sucesorio.

Lo deseable sería que prevaleciera la continuidad en lo positivo. Quintana Roo necesita estabilidad política para mantener el ritmo de crecimiento, inversión y desarrollo que exige una entidad dinámica y estratégica para el país. Los cambios bruscos, las confrontaciones internas o las fracturas de grupo rara vez benefician a los ciudadanos.

Por eso el anuncio del 22 de junio no será un simple trámite partidista. Será el inicio formal de una nueva etapa política en el estado. El momento en que la sucesión deje de ser rumor para convertirse en realidad palpable.

Y entonces sí, Quintana Roo habrá entrado de lleno en el proceso natural de toda democracia: la disputa por el futuro.

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