COMERCIO ENTRE MÉXICO Y ESTADOS UNIDOS: ¿CÓMO QUEDÓ EL T-MEC?

La decisión fue formalizada el pasado 1 de julio por el gobierno de Estados Unidos, donde el representante comercial de la Casa Blanca.

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El déficit comercial de Estados Unidos con México alcanzó en 2025 su nivel más alto del que se tenga registro, al ubicarse en 196 mil 913 millones de dólares, un incremento anual de 14.8%, cifra que se ha convertido en uno de los principales argumentos de la administración estadounidense para rechazar la renovación automática del T-MEC y exigir un nuevo esquema de revisiones anuales. 

La decisión fue formalizada el pasado 1 de julio por el gobierno de Estados Unidos, donde el representante comercial de la Casa Blanca, Jamieson Greer, confirmó que Washington no renovará el acuerdo por otros 16 años “en su forma actual” y buscará que México y Canadá transiten a un mecanismo de revisión anual, al considerar que persisten desequilibrios comerciales que afectan a la economía estadounidense. 

Las cifras del Buró del Censo de Estados Unidos muestran que el saldo deficitario pasó de 171 mil 491 millones de dólares en 2024 a 196 mil 913 millones en 2025, es decir, un aumento de 25 mil 422 millones de dólares en apenas un año. 

¿Por qué incrementó el déficit de comercio entre México y EU? El crecimiento de las exportaciones mexicanas hacia el mercado estadounidense fue el principal factor que impulsó el aumento del déficit. Durante 2025, México vendió bienes por 534 mil 874 millones de dólares, un aumento anual de 5.8%, mientras que las compras mexicanas de productos estadounidenses ascendieron a 337 mil 960 millones de dólares, apenas 1.17% más que un año antes. 

En conjunto, el comercio bilateral prácticamente alcanzó los 873 mil millones de dólares, lo que permitió que México se consolidara por tercer año consecutivo como el principal socio comercial de Estados Unidos, al concentrar 15.6% de todo el intercambio comercial estadounidense con el mundo. 

No obstante, durante el primer trimestre de 2026 comenzaron a observarse señales de moderación en el desequilibrio comercial. Entre enero y marzo, el déficit estadounidense con México se ubicó en 44 mil 762 millones de dólares, una reducción anual de 5.3%. 

El ajuste obedeció a que las importaciones mexicanas provenientes de Estados Unidos crecieron a un ritmo mayor que las exportaciones nacionales. Mientras las compras de México aumentaron 11%, hasta 93 mil 269 millones de dólares, las ventas mexicanas al mercado estadounidense avanzaron 5.1%, para alcanzar 138 mil 31 millones de dólares. 

Eran las 9 de la mañana, tiempo de México, del pasado 1ro de julio cuando comenzó la primera reunión trilateral de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Los tres jefes de la negociación, Jamieson Greer, de Estados Unidos; Dominic LeBlanc, de Canadá, y Marcelo Ebrard, de México, habían acordado previamente el formato. 

En una primera ronda, cada uno presentó la tesis de su país durante un minuto. Siguió una ronda de argumentación de cinco minutos por participante, otra de réplicas por el mismo lapso y un cierre de conclusiones de unos tres minutos. 

Y eso fue todo. 

En realidad, nadie que estuviera informado de la dinámica de las negociaciones esperaba algo más. Pero lo que ocurrió ayer indica lo que va a seguir: revisiones anuales, casi seguramente durante toda la permanencia de Trump en la Casa Blanca. 

Poco después de terminar el encuentro empezaron a circular los comunicados. El más relevante, por lo que significa, es el de Estados Unidos. El texto es una muestra nítida de cómo se está fraguando la revisión. Los negociadores norteamericanos deben satisfacer las exigencias de la Casa Blanca y, al mismo tiempo, calmar a los amplios sectores del empresariado estadounidense preocupados por el futuro del Tratado. 

Hay una frase que claramente es para el consumo de Trump: “Estados Unidos no aceptó renovar el T-MEC en su forma actual. Como resultado, el T-MEC no se renueva”. Listo: quedaron definidas las frases que usarán los republicanos en las campañas rumbo a las elecciones intermedias de noviembre. 

Durante años, el argumento de México para atraer inversionistas se basó en una promesa sencilla: “Fabrica aquí, vende en Estados Unidos”. La decisión de Donald Trump de someter el T-MEC a revisiones anuales hace que esa propuesta sea mucho menos segura, lo que amenaza con profundizar la caída de la inversión que ya lastra a la segunda mayor economía de América Latina. 

La medida, anunciada el 1 de julio por el principal responsable de Comercio de Trump, plantea la posibilidad de que las empresas deban reevaluar cada año sus planes en México en función de las cambiantes exigencias de EU en materia de aranceles, contenido regional y normas de origen. 

Esto añade un nuevo nivel de riesgo para la presidenta Claudia Sheinbaum, que necesita capital privado para reactivar el crecimiento estancado y mantener los programas sociales que contribuyeron a que su Morena obtuviera otra victoria electoral aplastante. 

México y su excesiva (y peligrosa) dependencia de EU. México es el país que más tiene en juego, ya que su economía se ha construido en torno al acceso al mercado estadounidense. Aproximadamente 80% de sus exportaciones se dirige al norte, lo que deja especialmente expuestos a fabricantes, automotrices y proveedores ante cualquier proceso que mantenga las relaciones comerciales con Washington en un estado de incertidumbre permanente. 

“México es el país más vulnerable a las perturbaciones comerciales”, afirmó Diego Marroquín Bitar, investigador especializado en comercio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Washington. 

Las exportaciones representaron alrededor del 40% del PIB de México, frente a aproximadamente 31% del PIB de Canadá, según datos del Banco Mundial. En contraste, las exportaciones de EE.UU. representaron solo 11% de su PIB. 

Si bien la decisión de EU de establecer revisiones anuales no modifica de inmediato las reglas del comercio transfronterizo en América del Norte, las negociaciones en curso del T-MEC probablemente darán lugar a mayores exigencias de contenido regional o incluso a un umbral mínimo de contenido estadounidense en algunos sectores, señaló Marroquín. 

Inversiones que nunca llegarán: El riesgo de las revisiones anuales del T-MEC, esto significa que es probable que las empresas sigan retrasando sus planes de expansión o desvíen sus inversiones hacia otros destinos. “El daño se manifestaría menos como un descenso repentino que como una ausencia”, señaló. “Inversiones que nunca llegan, cadenas de suministro que se establecen en otros lugares y un sistema de coproducción que poco a poco deja de funcionar como un todo”. 

Más allá del impacto económico, la creciente incertidumbre entre los inversionistas también podría socavar uno de los pilares de la agenda política de Claudia Sheinbaum. Sheinbaum llegó al poder con la promesa de mantener los generosos programas del Bienestar para aliviar la pobreza, que se ampliaron considerablemente durante el mandato de su predecesor Andrés Manuel López Obrador. El plan de Sheinbaum para impulsar el crecimiento, basado en gran medida en atraer inversión privada, todavía no ha dado resultados significativos. 

La inversión fija en México, un indicador del gasto en capacidad productiva cayó más de 3% en marzo respecto del mismo mes del año anterior, con lo que acumuló 19 meses consecutivos de contracción, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). La inversión privada retrocedió casi 5% en el mismo período, lo que refleja cómo las empresas están retrasando o archivando proyectos. 

La caída de la inversión en México ha golpeado precisamente el gasto en maquinaria, construcción y equipamiento, necesario para convertir el otrora omnipresente entusiasmo por el nearshoring en fábricas generadoras de empleo y exportaciones de mayor valor agregado. Aunque algunos analistas siguen considerando que México puede beneficiarse de su cercanía geográfica y de su acceso preferencial al mercado estadounidense, las expectativas se han enfriado considerablemente.

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