A la baja el delito que más lastima

Hay un indicador que resume el estado que guarda la seguridad de una entidad: los homicidios dolosos, el delito que más lastima a la sociedad...

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Hay un indicador que resume el estado que guarda la seguridad de una entidad: los homicidios dolosos, el delito que más lastima a la sociedad. Y cuando éste aumenta, el mensaje es claro: la violencia gana terreno. Pero cuando disminuye de manera sostenida, significa que algo está cambiando para bien. Y eso es precisamente lo que hoy ocurre en Quintana Roo.

Después de años en los que el estado aparecía en las primeras planas por las ejecuciones relacionadas con la delincuencia organizada, las cifras oficiales muestran una tendencia alentadora.

Los homicidios dolosos han venido descendiendo de manera importante, colocando a Quintana Roo entre las entidades con mejores resultados en la materia. Nadie puede afirmar que el problema esté completamente resuelto, pero tampoco sería responsable ignorar una realidad que empieza a reflejarse en los números.

La reducción de este delito no representa únicamente una estadística favorable para un gobierno. Significa vidas que se salvan, familias que no son víctimas de la violencia y una sociedad que comienza a recuperar la confianza.

Porque la seguridad no se mide solamente por la cantidad de patrullas en las calles, sino por la capacidad del Estado para contener el delito más grave que existe.

Y esa mejoría ya empieza a tener repercusiones fuera de nuestras fronteras. Hace apenas unos días comentábamos en este espacio que el gobierno de Estados Unidos dejó de mantener alertas extraordinarias para Quintana Roo por motivos de seguridad, una señal que fortalece la confianza en el Caribe Mexicano y que difícilmente podría entenderse sin los avances que hoy reflejan los indicadores en materia de violencia.

Nada de esto ocurre por casualidad. Detrás existe una estrategia de coordinación entre el Gobierno de México y la administración de Mara Lezama, en la que participan la Marina, el Ejército, la Guardia Nacional, la Secretaría de Seguridad Ciudadana y la Fiscalía General del Estado. La suma de esfuerzos ha permitido contener una violencia que durante años afectó la imagen del estado y puso en riesgo su principal actividad económica: el turismo.

Por supuesto, nadie debe caer en triunfalismos. La delincuencia organizada sigue presente y cualquier relajamiento podría significar un retroceso. La seguridad exige trabajo permanente, inteligencia y capacidad de reacción.

Pero tampoco se puede descalificar todo por consigna política. Cuando los homicidios disminuyen y, al mismo tiempo, aumenta la confianza internacional hacia el destino turístico más importante de México, existe una relación que vale la pena reconocer.

Quintana Roo todavía enfrenta desafíos importantes. Sin embargo, los resultados comienzan a demostrar que la seguridad también se construye con hechos.

Y cuando esos hechos son capaces de proteger vidas, fortalecer la confianza de quienes nos visitan y consolidar la imagen del estado ante el mundo, lo correcto no es minimizar los avances, sino exigir que esa ruta continúe y se consolide.

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