4T: el juego interno
Ha transcurrido poco más de una semana desde que comenzaron los mensajes de aspirantes dirigidos a la militancia de la 4T...
Ha transcurrido poco más de una semana desde que comenzaron los mensajes de aspirantes dirigidos a la militancia de la 4T en Quintana Roo. Formalmente, se trata de la definición de una coordinación.
Nadie ignora, sin embargo, que detrás de dicha figura se encuentra la antesala de la sucesión gubernamental de 2027. Por eso nadie juega a medias. Por eso cada movimiento, por pequeño que parezca, es observado con lupa.
Comenzó la etapa de las estructuras. Es el momento en que los cinco aspirantes (aunque no todos se ven) están obligados a demostrar qué tan profundo llega su influencia territorial, qué tan sólida es su capacidad de convocatoria y qué tan eficaz resulta su operación política.
Las redes sociales ayudan. Las declaraciones ayudan. Pero lo que realmente cuenta en esta fase es quién tiene presencia en los municipios y quién logra convertir simpatías en organización.
Es precisamente en este punto donde empieza a revelarse el verdadero fondo de la contienda. Mientras los aspirantes recorren colonias, comunidades y cabeceras municipales, la gente de la política toma posiciones. Algunos mantienen prudencia pública y otros optan por mensajes cuidadosamente calculados. Aun cuando la convocatoria prohíbe la manifestación de respaldo explícita, se sabe que hay formas de eludir esa responsabilidad.
Los alineamientos comienzan a ser visibles. Las fotografías, los acompañamientos, las invitaciones y hasta ciertas ausencias empiezan a dibujar un mapa que va mucho más allá de la coordinación que se disputa.
La batalla real no sólo tiene que ver con la gubernatura. Paralelamente se está librando otra competencia: la de quienes buscan acomodarse desde ahora rumbo a las presidencias municipales, las diputaciones locales y las diputaciones federales. En más de un caso, el respaldo a determinado proyecto no responde exclusivamente a coincidencias políticas, sino a cálculos de supervivencia.
Sería un error reducir este proceso a una simple carrera entre aspirantes. Lo que está ocurriendo es la reorganización interna de varios grupos. Cuando eso sucede, inevitablemente aparecen tensiones, rivalidades y discrepancias por espacios de poder.
La pregunta de fondo no es quién reunió más personas esta semana. La pregunta relevante es quién está construyendo la red de alianzas que le permitirá gobernar políticamente el día después.
Las encuestas y la valoración definirán un nombre. Pero los acuerdos, las lealtades y las estructuras definirán algo mucho más importante: quién tendrá el control real del tablero más allá de 2027.
La sucesión del próximo aún parece lejana para el ciudadano común. Dentro de la 4T, en cambio, ya está en marcha. Los jugadores lo saben, las estructuras lo entienden y los grupos políticos ya toman su posición.
Cada movimiento cuenta. La 4T domina el escenario y es amplia favorita para ganar las batallas electorales que vienen.
