Rumor de pasillo: El murmullo de la semana

La saga del rompimiento de Renán Barrera con el CEN y el CDE del Partido Acción Nacional (PAN) sigue aportando capítulos que explican a detalle el nivel de la fractura interna.

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La saga del rompimiento de Renán Barrera con el CEN y el CDE del Partido Acción Nacional (PAN) sigue aportando capítulos que explican a detalle el nivel de la fractura interna. Lejos de ser una reacción espontánea a sus recientes descontentos públicos, el bloqueo institucional contra su figura operaba desde las sombras mucho antes de que se oficializara su renuncia al cargo que ostentaba en la dirigencia partidista.

El nivel de la exclusión llegó al grado de que alcaldes abiertamente identificados con su grupo político, como los ediles de Conkal y Opichén, tuvieron que disculparse formalmente por no invitarlo a sus respectivos informes de actividades en agosto pasado.

La justificación de estos presidentes municipales, que en corto aún le profesan un trato deferente llamándolo “licenciado Barrera”, no deja lugar a dudas: la omisión obedeció a una instrucción directa. Vía mensaje de WhatsApp, la presidencia del Comité Directivo Estatal exigió excluir al excandidato bajo el frío argumento de que su presencia “restaba” más de lo que sumaba.

Sin embargo, más allá de las explicaciones formales, en los pasillos de la política corre el fuerte rumor de que la orden original ni siquiera se gestó en las oficinas locales del CDE, sino que habría sido dictada a miles de kilómetros de distancia, específicamente desde los rumbos de Boston, por un personaje al que en los corrillos panistas hoy apodan “El Estudiante”.

VOCES SUELTAS
La memoria selectiva naranja

Tremenda salida de tono protagonizó Ivonne Ortega Pacheco al intentar censurar la pregunta de una periodista durante una rueda de prensa, bajo el simple e intolerante argumento de que no le gustaba el tono de “ofensa”. El exabrupto fue tan evidente que ninguno de sus propios compañeros de partido hizo el menor amago por secundarla. Este desliz transportó a los analistas directamente a su etapa como gobernadora, caracterizada por una profunda alergia a la crítica.

Hoy, arropada bajo la bandera de la nueva política ciudadana, las incongruencias en su actuar saltan a la vista. Resulta paradójico que se erija como defensora de la libertad de expresión quien, tras la célebre “chifliza” en el estadio Kukulcán en 2010, atestiguó el despliegue de detenciones arbitrarias contra ciudadanos cuyo único delito era comercializar playeras con la leyenda “Yo chiflé a Ibom”. De igual forma, sorprende su papel como implacable defensora de género, lanzando rudos dardos mediáticos contra actores como Cuauhtémoc Blanco, cuando en su sexenio guardó un silencio sepulcral frente a las agresiones físicas que su entonces Secretario de Fomento Económico, Jaime Zetina, perpetró contra su propia esposa. La destitución del funcionario llegó un mes tarde y solo cuando la presión popular fue insostenible, evidenciando que la primera opción fue protegerlo gracias a sus estrechas alianzas políticas en Quintana Roo.

Tampoco se le escucha opinar sobre el impacto ambiental del Tren Maya, acaso porque ella misma planteó y defendió el trazo original del proyecto en su etapa de gobernadora, una propuesta que fue desechada al no mostrar viabilidad en ningún estudio de inversión. Hoy, todo este pesado historial lo administra escondida en la comodidad de una curul plurinominal, perfectamente consciente de que caminar el territorio yucateco le genera mayor animadversión que respaldo, al grado de poner en riesgo la fuerza y el registro de Movimiento Ciudadano en el estado con su sola presencia.

LA PUERTA QUE QUEDA ABIERTA

Con la salida del tablero de Verónica Camino y Rommel Pacheco, y el reacomodo de figuras como “Rulo” Osorio, el escenario para la alcaldía de Mérida en Morena comienza a llenarse de caballos negros. Esta inusual efervescencia de perfiles masculinos cobra todo el sentido táctico gracias a la puerta que acaba de dejar entreabierta la Suprema Corte de Justicia de la Nación: la posibilidad jurídica de que se caiga la alternancia obligatoria de género y los partidos tengan luz verde para postular a un hombre a la gubernatura en 2030. Con esa ruta reactivada, el Ayuntamiento de la capital se convierte en el trampolín perfecto. En este desierto de liderazgos naturales, despuntan tres figuras que buscan capitalizar el vacío, algunos con posibilidades reales y otros con aspiraciones que ni ellos mismos terminan de asimilar.

El primero en la lista es Pablo Gamboa, quien apela al innegable peso de su apellido y a su estrecha relación con la cúpula nacional del Partido Verde. En su contra juegan una evidente lejanía con el electorado meridano desde 2018, una dolorosa derrota en 2021 que lo mandó hasta el tercer lugar en su antiguo distrito, y una gestión de resultados aún ambigua al frente de la Agencia de Energía del Estado.

El segundo es Mauricio Sahuí, el excandidato a la gubernatura en 2018 que se subió al barco guinda en la pasada campaña. Su premio de consolación fue una disminuida posición en la delegación del Infonavit. Sahuí presume capital político y estructura, pero la realidad muestra a un funcionario permanentemente excluido de las negociaciones de los propios programas de su dependencia. Por si fuera poco, su equipo cercano se ha visto mermado y tanto él como sus allegados arrastran una serie de escándalos personales que no abonan a su causa.

El tercer nombre sobre la mesa es el de Liborio Vidal. Reconocido por su músculo en el oriente, su verdadera carta de presentación hoy es la estructura creciente que logró articular en Mérida durante su precampaña de 2024, un capital que en su momento sumó votos clave para el triunfo de Cecilia Patrón. El vallisoletano, amigo de todos, mantiene un diálogo abierto con tirios y troyanos sin definir aún su destino. Las señales de los próximos días serán definitivas para saber si consolida su alianza en la capital con el proyecto blanquiazul o si, fiel a su pragmatismo, busca otros frentes donde se le garantice un papel protagonista rumbo al 2027 y, aprovechando el guiño de la Corte, apuntar directamente hacia la boleta de 2030.

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