La esperanza, fuente de amor y felicidad

Reflexiones espirituales, columna de Roberto Díaz y Díaz

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Donde la esperanza no existe, no puede existir el esfuerzo”, es una frase de Rochefoucauld y qué buena es para poder aplicarla en nuestra vida. Vivimos en la esperanza de que Dios nos salve al morir, y la fincamos en Dios, porque de la esperanza nace la confianza. 

Hoy estamos llamados a vivir el amor de Dios, y a ser portadores de la buena nueva: la esperanza. “Ser santo no es hacer cosas extraordinarias, sino hacer de las cosas ordinarias cosas extraordinarias”. Es motivar a nuestro prójimo con nuestra palabra, nuestros actos y nuestras acciones. “Es agradable ser importante, pero es más importante ser agradable”. 

Quieres ser importante, deposita tu fe en Dios y siente en Él una fuerza tremenda, que te hará actuar en bien de tus semejantes. Bien dice Juan Pablo II: “Para vivir el hombre tiene necesidad de la esperanza, que únicamente Dios puede otorgarle”. 

Hay que tener fe en Dios basándonos en tres conceptos: 1). Que es todopoderoso; 2). Que Él siempre cumple sus promesas; y 3). Comprender y entender que Dios es sabio y sabe lo que nos conviene. Tal vez hoy Dios está pensando en ti y desea lo mejor para ti, pero ¿tú lo estás esperando? Dios no te deja solo y al aire. Él desea que te salves y te da los medios. Cada quien recibe lo que espera, si pedimos con fe, constancia y perseverancia, generaremos la esperanza. 

No hay que olvidar que nosotros somos responsables de la salvación de nuestros hermanos. Hay que apoyar nuestras palabras con obras. Porque a la oración siempre la debe de acompañar la acción. Es bueno que hables del amor y de la amistad, pero es mejor que les des amor a tus padres y te reconcilies con tu hermano, brindando amistad al que te agredió o te ofendió. Es excelente dar buenos consejos, pero es mejor dar buenos ejemplos. 

Hoy tu familia no desea que les des sermones y les impongas tu autoridad con gritos y regaños. Desean tu amor incondicional, y tu apoyo en los momentos de crisis emocional. Tu pareja te necesita hoy, porque sin ti no se puede realizar como un ser humano. Hace falta que muchas personas prediquen la palabra de Dios, pero hace más falta que se predique con el ejemplo en ser transmisores del amor. 

Nosotros somos los enviados por Dios para realizar milagros. Ese damnificado por el ciclón necesita ayuda, y Dios necesita de tu persona para poder realizar sus milagros
y darles su ayuda. Hay tres preguntas que pueden hacerte reflexionar hoy: ¿das
testimonio con tu ejemplo?, ¿das tu vida en servicio y lo haces con amor?, ¿das tu
tiempo para los que no tienen tiempo?

El que ama a Dios vive según su criterio, y es feliz, y Dios vive en él. Para
muchas personas su santificación depende de tu persona. “Cuida tus huellas
pues pueden ser la Biblia para muchos que te observan”. Nosotros podemos ser
puente y escalera, para llevar a nuestros hermanos a la salvación. Empecemos con
nuestra familia, con la pareja y con los hijos. Ellos están esperando un cambio en
tu persona; que muera el viejo amargado y neurótico que se metió en tu cuerpo,
y nazca un nuevo hombre con alegría, optimismo y esperanza, para que sea generador
de amor y de paz.

SÍ, la esperanza es el camino de la felicidad, vivir no es más que estar en el camino.
Porque la esperanza es la fuerza que nos llena de ánimo cuando estamos desesperados. Bien dijo Cowley: Esperanza, “el único remedio universal y barato para todos los males que el hombre sufre”.

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