Egoísmo vs. Amor

Reflexiones espirituales, columna de Roberto Díaz y Díaz: Egoísmo vs. Amor

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“No hay prisión más dura para el hombre que la de encerrarse en su propio Yo, pues no existe camisa de fuerza que sujete con más vigor, que la del Yo abandonado a sí mismo”, frase de Fulton J. Sheen, y cuánta verdad conlleva. En estos días sería bueno cuestionarnos qué tanto somos enemigos del amor, eso es qué tanto somos egoístas. El egoísmo es el cáncer de la vida actual y qué bueno es pensar si no estamos en plan de contagio. 

Esa autocomplacencia, que el joven la practica en buscar sólo su satisfacción personal, y luego de adulto la ejerce en lograr como único fin el poder y el dinero, y al final de nuestra vida en la vejez, somos egoístas al tener como único logro nuestra seguridad económica y física, y sin darnos cuenta vivimos en un continuo egoísmo, en un egocentrismo que al final de la vida exclamaremos: “Debí de haber vivido más, debí de haber trabajado menos”. 

El egoísmo es alimentado por el temor y el miedo, ese miedo a perder la juventud, ese temor a la muerte, ese caos emocional de quedarnos en la edad actual y no aprender a madurar, esa angustia existencial nos lleva a la desesperación y empezamos a ver el suicidio antojoso, pues nos cansamos de vivir la misma vida y “el placer disminuye con la costumbre”.

Aprender a amar al prójimo como a uno mismo, reconocer el plan de Dios, que nosotros somos sus medios para dar su amor, su alegría y su afecto a nuestros hermanos con nuestra persona. Amar a nuestros padres en pagarles con una visita, una llamada de teléfono y un apapacho a tiempo, podría evitar que ellos se... murieran. Darle amor a nuestra pareja, que se sienta querida y valorada, no usada y menospreciada. Entender aquella frase que dice en relación a la esposa: “No puedo hacerte daño sin lastimarme y el dejar de amarte es para mí destrozarme”. El amor a los hijos, esos pedazos de nuestro corazón no quieren saber que los queremos, quieren sentir que los queremos. No quieren que les abras tu cartera, quieren que les abras tu corazón. Ser como dice San Pablo: “Portadores del amor divino y de la buena nueva de Dios”. Que la soberbia y la ignorancia no nos corte la comunicación con nosotros mismos para dar amor. 

El egoísta sólo conoce su propia desesperación y trata de ignorarla, con esto sólo amarga su vida, pues no puede desechar de su alma la bondad y esto le atormenta, sabe que debe ser bueno y lucha en no manifestar sus sentimientos positivos. El egoísta sabe que está mal, pero no es capaz de aceptarlo. La frase de Clairon lo dice todo: “Cuando el alma grita, es tu egoísmo que la está destrozando”. 

Al final de nuestros días, seremos juzgados por el amor que dimos y en el amor de dejamos de dar. Injertemos a Dios en nuestro corazón y esa será la mejor medicina para sanar de nuestro egoísmo. La frase de Fulton J. Sheen nos lo indica: “Sólo lo divino puede llenar un alma vacía y el infinito puede tranquilizar un espíritu preocupado”. Y no se te olvide: “El verdadero límite del hombre es... su egoísmo”.

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