Cobrar impuestos a las herencias es mala idea para México
Patrimonio, columna de Miguel Rosado González: Cobrar impuestos a las herencias es mala idea para México
Columna de Miguel Rosado González
En días recientes se generó una fuerte discusión luego de que la ministra Lenia Batres expresara que las herencias deberían pagar impuestos, al considerar que quien las recibe obtiene un patrimonio que no proviene de su propio esfuerzo y que gravarlas contribuiría a una mejor redistribución de la riqueza. Incluso hizo estas declaraciones durante el debate sobre el tratamiento fiscal de recursos heredados de las Afore, aunque la mayoría de la Suprema Corte rechazó ese criterio.
Más allá del debate jurídico, vale la pena preguntarnos si realmente sería una buena idea para México. Desde mi punto de vista, la respuesta es no.
Quienes defienden un impuesto a las herencias suelen argumentar que es una herramienta para reducir la desigualdad. Sin embargo, olvidan un elemento fundamental: el patrimonio que una persona deja al fallecer normalmente ya fue gravado durante toda su vida.
Cada salario pagó ISR. Cada compra importante generó IVA. Cada inversión pagó impuestos sobre sus rendimientos cuando correspondía. Los inmuebles pagan predial, muchas operaciones pagan impuestos por adquisición o enajenación, y las empresas contribuyen constantemente mediante diversas cargas fiscales. En otras palabras, ese patrimonio no apareció por arte de magia; fue construido durante décadas de trabajo, ahorro e inversión, mientras el Estado ya obtuvo una parte importante de esos ingresos.
Cobrar nuevamente un impuesto al momento de transmitir ese patrimonio a los hijos o beneficiarios implica, para muchos, una forma de doble tributación sobre riqueza que ya contribuyó al fisco. Aunque el problema va más allá.
Las familias ahorran e invierten con un propósito muy claro: ofrecer mejores oportunidades a la siguiente generación. Si el Estado penaliza esa transmisión patrimonial, también desincentiva el ahorro y la inversión de largo plazo y el esfuerzo de quienes buscan construir un legado.
Mi sentimiento personal y creo que general, es que me cuesta pagar impuestos en un país donde el dinero que el SAT recauda de nuestros impuestos no se ve reflejado en la mejora del país. Hay calles con baches, fallas en la luz, inseguridad, corrupción y esto no motiva a los contribuyentes.
Claudia Sheinbaum expresó su rechazo a la propuesta señalando “Por lo pronto no lo tenemos planteado, si llegara a plantearse ya se explicaría, pero por el momento no lo tenemos planteado. Pero no sería para la gente. En todo caso serían otros mecanismos de mayor recaudación, pero al momento no lo tenemos programado”. Esta postura de la Presidente nos da cierta calma y tranquilidad.
México necesita impulsar una cultura del ahorro, inversión y formación de patrimonio, no generar incertidumbre sobre el destino de los bienes que una familia construye con años de esfuerzo.
Porque al final, una herencia no representa únicamente dinero. Representa el trabajo de toda una vida, los sacrificios realizados y el deseo legítimo de brindar un mejor futuro a quienes vienen detrás. Castigar fiscalmente ese legado sería, en mi opinión, una decisión equivocada y un precedente peligroso para la protección del patrimonio de las familias mexicanas.
