Aureliano Centeno Perera en la historia de Valladolid

Crónicas de oriente, columna de Leonel Escalante Aguilar: Aureliano Centeno Perera en la historia de Valladolid

|
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram

Columna de Leonel Escalante Aguilar
Aureliano Centeno Perera fue un destacado personaje de la vida política y social del oriente de Yucatán. Nació el 16 de junio de 1872 y fue alcalde de Valladolid durante el periodo 1931-1932.

Perteneció a una familia de arraigo e influencia en la región durante las primeras décadas del siglo XX. Su hermano, José Isaac Centeno Perera, se desempeñó como jefe político hacia 1913. Fue hijo de José Santos Centeno y Macedonia Perera Alcocer. Sus hermanos fueron Antonio, José Mercedes, Casilda, José Jesús, José Isaac, María del Refugio, Susana y Francisco.

Aureliano contrajo matrimonio con la señorita Anastasia Cortés Alcocer, con quien procreó a Honorina, Humberto, María Rómula y Juan de la Cruz. La vida de don Aureliano estuvo marcada también por la adversidad. En un accidente de trabajo, ocurrido al parecer en un molino de la Hacienda Canac, perdió el brazo izquierdo. Sin embargo, aquella circunstancia no doblegó su carácter ni su espíritu emprendedor.

Corría el año de 1931 cuando el entonces gobernador de Yucatán, Bartolomé García Correa, le encomendó la búsqueda de un terreno apropiado para establecer un campo de aviación en Valladolid. Don Aureliano ubicó para tal propósito los terrenos que hoy ocupa el campo deportivo de la ciudad. El proyecto de construir allí un campo de aviación, sin embargo, nunca llegó a concretarse. Con el paso del tiempo, aquel espacio encontró un nuevo destino, estrechamente vinculado con una de las grandes pasiones de don Aureliano: el béisbol.

Gran aficionado e impulsor de este deporte, promovió la construcción de un campo deportivo en aquel mismo sitio. Para ello se constituyó un Comité Pro-Construcción, que inició los trabajos para convertir el terreno en un espacio destinado a la práctica del llamado “rey de los deportes”. Pero el destino tenía preparada una página trágica. Cuando el campo se encontraba todavía a medio construir, la noche del 26 de diciembre de 1931, alrededor de las nueve, don Aureliano Centeno Perera fue asesinado en la calle 44 por 27, en el barrio de Santa Lucía. Su muerte, ocurrida mientras aún ejercía el cargo de presidente municipal, significó un duro golpe para la sociedad por lo que su figura representaba en la vida pública vallisoletana. La obra que con tanto entusiasmo había impulsado se había quedado inconclusa.

El campo deportivo tuvo que concluirse después de su muerte. Y fue precisamente el Comité Pro-Construcción, por unanimidad, el que propuso que aquel espacio llevara para siempre el nombre de quien había sido uno de sus principales impulsores. Así nació el nombre que hasta nuestros días permanece ligado a la historia deportiva de Valladolid: Campo de Béisbol “Aureliano Centeno”. La inauguración tuvo lugar el 28 de abril de 1932, pocos meses después de la muerte de su principal promotor.

Con el transcurrir de las décadas, aquel campo se convirtió en uno de los escenarios más importantes del béisbol vallisoletano. En sus terrenos se han escrito numerosas páginas de la historia deportiva de la ciudad y han desfilado generaciones de jugadores, aficionados y equipos que encontraron allí un espacio para cultivar su pasión por este deporte. De esta manera, el nombre de Aureliano Centeno Perera quedó ligado para siempre al béisbol de Valladolid. Aunque su vida política y pública pertenece a una época convulsa de la historia posrevolucionaria de Yucatán, su memoria sobrevivió de una manera singular: en un espacio deportivo que nació gracias a su iniciativa y que lleva su nombre desde hace más de nueve décadas.

Hoy, cuando se pronuncia el nombre del Campo Aureliano Centeno, quizá muchos vallisoletanos no conozcan ya la historia del hombre cuyo nombre lleva. Sin embargo, allí permanece su memoria, entre las gradas, el terreno de juego y el eco de tantas jornadas beisboleras. Porque hay hombres cuya memoria no necesita de grandes monumentos para permanecer. A veces basta un nombre grabado en la historia de una ciudad, un espacio que continúa vivo y varias generaciones que, sin saberlo, siguen caminando sobre la obra que aquellos hombres soñaron. Aureliano vive así en la memoria deportiva de Valladolid: convertido en historia.

Lo más leído

skeleton





skeleton