Memoria del espíritu y la belleza: el broche de oro del XV Festival de San Bernardino

Crónicas del oriente, columna de Leonel Escalante Aguilar: Memoria del espíritu y la belleza: el broche de oro del XV Festival de San Bernardino

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Ha caído el telón del XV Festival de San Bernardino. Tras seis intensas jornadas donde la fe y la alta cultura se hicieron una sola voz, la Fundación Convento Sisal Valladolid AC ha clausurado con broche de oro un programa histórico. Aquel viaje que comenzara bajo el amparo litúrgico del Excmo. Gustavo Rodríguez Vega, Arzobispo de Yucatán, el Dr. Fidencio Briceño Chel y el alcalde Mtro. Homero Novelo Burgos, llegó a su fin, dejando en los muros de Valladolid el eco de una celebración inolvidable.

Las sedes, convertidas en templos del saber y del arte, vieron desfilar las almas de una comunidad entregada. En las aulas de las universidades Modelo y UNO, así como en el Salón San Bernardino, la palabra se hizo cátedra a través de las reveladoras conferencias de Sergio Grosjeán, Gustavo García, Ermilo Alcocer y Carlos Cosgaya. El aire vallisoletano se impregnó de nostalgia y herencia cuando el Dueto Filigrana 24 K —con las virtuosas Maricarmen Pérez y María José Marrufo— desgranó un mapa sentimental de nuestra música, uniendo en un solo suspiro los acordes tradicionales desde Chancil hasta la inmortalidad de Manzanero, cobijados por los versos sutiles de Palmerín, Anastacio Osorio y Coqui Navarro.

La historia impresa reclamó su espacio con la presentación de la segunda edición de “El Gran Libro de Yucatán”. Ante un selecto auditorio, su compilador, el arqueólogo Sergio Grosjeán, compartió los secretos de este magno volumen, flanqueado por las voces críticas de Carlos Cosgaya, Miguel Vera Lima, Jorge Rivas Cantillo y Leonel Escalante. En la intimidad de una emblemática casona, el tiempo se detuvo para el “Florilegio de Poesía Yucateca”; ahí, Kembly Puerto, Verónica Loría y Rita Flor Escalante, acariciadas por la guitarra de Ricardo Jiménez, obsequiaron un banquete lírico que devolvió a la vida los sentidos
versos de poetas del terruño como José Inés Novelo, Teté Mendoza, Luis Rosado Vega, Mildred Aguilar y Delio Moreno Cantón. “Mi Valladolid querida, cómo no voy a extrañarte si desde que tuve vida me han enseñado a amarte” resonó en la filigrana de la piedra que sirvió como telón en tan hermosa velada que nos recordó que, en Valladolid, el pasado no es olvido, sino una herencia viva que late en el presente y canta hacia el porvenir.

El fin de semana los muros de piedra del majestuoso convento de 466 años, se encendieron con una auténtica fiesta regional. La Orquesta Jaranera del Mayab y el Ballet Folklórico Juvenil del Estado hicieron vibrar la explanada bajo el zapateado de airosas mestizas y diestros jaraneros. En una coreografía de hilos invisibles, las trompetas, los trombones y el golpe recio del timbal tejieron el aire de una noche iluminada que el público ovacionó de pie. Al caer el domingo, los corredores del Hotel Real Hispano se vistieron de vanguardia y tradición con la muestra “Memorias en Color- Colectiva de arte vallisoletano”, un testimonio plástico donde dieciocho artistas fundieron óleos, acuarelas, gráfica y grabados en un diálogo intergeneracional. Al unísono, la noche dominical se tornaba dorada y perenne gracias al concierto “Íntimo”, donde las espléndidas voces de Nalleli, Vinizio y Dianela dominaron el escenario con la majestuosidad de la canción popular. Las espléndidas voces hicieron lucir inmortales melodías en una verdadera noche dorada.

El lunes, el festival abrió los brazos a las infancias, reuniendo en sus certámenes de oratoria y dibujo el talento de la niñez vallisoletana. Horas más tarde, la trascendencia cultural se vistió de gala en el Hotel Fundadores con “La prosa de la luz, poéticas de la intimidad”: quince grabados en cobre y en color del excelso maestro Fernando Castro Pacheco se revelaron ante el espectador, mostrando siluetas, -encendidas de arrebol- y geometrías pasionales que el poeta José Díaz Cervera supo contarnos en maravillosas anécdotas. Secretos íntimos plenos de luz que guardamos ya en la intimidad de nuestra propia memoria. Tras este destello visual, la música de cámara sedujo las almas de los presentes con la Orquesta “Miguel Pérez Concha” de la Uady; un programa impecable que transitó por Bach, Mozart y Grieg, culminando con la cadencia de Julius von Beliczay y un delicioso e inolvidable encore al ritmo de Por una cabeza de Carlos Gardel. Su director, el maestro Veselin Dechev sedujo con su magistral batuta, al público que supo premiar tan magistral concierto. El martes trajo consigo la frescura y el vigor de la juventud a través de las notas e inspiraciones propias de The Diux Band, cuyos integrantes —Andrés, Ariel, Johan y Brando— conquistaron el aplauso unánime del respetable.

El ocaso del festival se tornó místico e imponente. Una vivificante procesión acompañó la sagrada imagen de San Bernardino por la antigua y recoleta calzada de Sisal —aquella misma vereda que en 1560 transitaron los primeros franciscanos hacia el pueblo de indios—. Custodiado por San Servacio y la Virgen de Candelaria, el santo patrón avanzó junto con San Diego, la Santa Cruz, San Andrés, Sta. Ana, San
Bartolomé, San Juan Bautista, San Francisco y San Lorenzo entre una feligresía conmovida hasta coronar la plaza. Frente a la magnificencia del templo iluminado, una multitudinaria romería se unió en una solemne misa concelebrada por Monseñor Pedro Mena Díaz, quien en su emotiva homilía rindió tributo a los sacerdotes y aliados que durante quince años han sostenido los anhelos de la Fundación.

Cuando los cantos litúrgicos cesaron y los santos volvieron a sus nichos, el escenario se encendió por última vez. Entre los destellos de la noche, el Grupo Los Juglares irrumpió con su virtuosismo trovero para ofrecer el regalo definitivo a Valladolid. Las juveniles y mágicas voces de Dianela Arce y Valeria Ayala sellaron una noche de ensueño musical, clausurando un festival que no solo honró la fe y el arte, sino que reafirmó que la memoria de esta tierra sigue viva, vibrante y andando va por esos bien trazados y bendecidos caminos de la fe y la cultura.

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