Raíces de sangre
Letras al viento, columna de Karla Martínez Herrera: Raíces de sangre
Una de las épocas más oscuras en Yucatán, fue la denominada Guerra de Castas, donde los indígenas se rebelaron en contra de los hacendados, por vivir prácticamente en la esclavitud, en condiciones paupérrimas y con carencias alimentarias. Por eso, hoy quiero hablar sobre el libro “Ká súut naj: Vuelta a casa” (2011) del escritor mexicano Antonio Malpica.
Es una novela corta pero profunda, con intervenciones epistolares que trata la historia de Felipe, un joven maya, que, al quedar huérfano desde pequeño, es vendido a un hacendado por 25 pesos. Fue educado como los ricos del pueblo, donde le imponían hablar en español, vestir buenas ropas, memorizarse poemas para declamarlos en festividades, así como acompañar a la esposa del dueño de la hacienda, en sus caminatas vespertinas.
A pesar de la “buena vida” que le daban, no dejaba de tener sus raíces indígenas, ni de ser propiedad de aquellas personas. Por lo que, al conocer a una chica en una localidad cercana al ir a hacer los mandados, se enamora y se le mete en la cabeza la idea de casarse. Pero para eso se necesita recurso para pagar el permiso. Por lo que pide prestado 18 pesos, sin embargo, no contaba con que, al descubrirle esa cantidad de dinero, lo fueran a castigar duramente, mandándolo con el sacerdote del pueblo que fungía como padrino de Felipe.
El cual lo termina amarrando en la bodega de su domicilio, en largas vigilias sin alimento, ni descanso. La mente del protagonista tiene que elevarse a la fantasía para no perder la cordura. En esta vorágine de múltiples sentimientos e impotencia, regresa un pequeño amigo de su infancia, el llamado “Niño agua”, que lo acompaña en este escabroso trance, haciéndolo reflexionar sobre su niñez, su padre, su madre y su hermanito fallecido.
Es una novela, donde las palabras en maya están presentes, como parte fundamental de las raíces mayas del protagonista, así como una metáfora de hacer prevalecer la cultura. Lo que sí, a los lectores nos hace sentir la impotencia, el dolor, de vivir bajo el yugo de otras personas, que pisotean los derechos de los naturales como les da la gana. “En la última junta con otros henequeneros hemos consentido en recurrir más al látigo y menos a la palabra al menor indicio de sublevación. No tenemos otra opción”.
A me dida que avanza la historia, también se incrementa la sensación de búsqueda, aquello que nos haga sentir seguros, amados, comprendidos. Que siempre vale la pena, luchar por lo que uno añora, a pesar de las dificultades que surjan en el camino. Tener muy presente de dónde venimos, hacia donde vamos, y los pies sobre la tierra, es una de las enseñanzas que nos brinda Malpica, así como cuestionarnos ¿qué realmente significa volver a casa?
Valoro sobre manera, los libros que reflejan la realidad a través de sus personajes, que los hace humanos, sensibles, así como el entorno y el contexto bien estructurado que los rodea.
