Lactancia materna: protección también contra el cáncer de mama

Palabra de mujer, columna de Ivette Laviada: Lactancia materna: protección también contra el cáncer de mama

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Octubre vuelve a teñirse de rosa para recordarnos la importancia de prevenir y detectar oportunamente el cáncer de mama. Hablamos de revisiones médicas, mastografías y factores de riesgo, pero existe también un factor protector del que quizá hablamos menos: la lactancia materna.

La evidencia científica disponible confirma que amamantar disminuye el riesgo de que una mujer desarrolle cáncer de mama. No significa, por supuesto, que una mujer que haya amamantado esté exenta de padecerlo ni que quien no pudo hacerlo vaya a desarrollarlo; hablamos de reducción de riesgo, no de una garantía. Pero es un beneficio suficientemente importante como para formar parte de las recomendaciones internacionales de prevención.

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), organismo especializado de la Organización Mundial de la Salud, señala que existe evidencia convincente de este efecto protector y estima que por cada cinco meses adicionales de lactancia acumulada a lo largo de la vida de una mujer, el riesgo de desarrollar cáncer de mama disminuye aproximadamente un 2%. Es decir, los periodos de lactancia de distintos hijos se van sumando. Entre las posibles explicaciones se encuentran los cambios hormonales que ocurren durante la lactancia y los cambios que experimenta el tejido mamario.

Los beneficios comienzan desde el nacimiento. La Organización Mundial de la Salud y Unicef recomiendan iniciar la lactancia durante la primera hora de vida, mantenerla de manera exclusiva durante los primeros seis meses y, posteriormente, introducir alimentos complementarios adecuados mientras se continúa amamantando hasta los dos años o más.

La leche materna proporciona durante esos primeros meses los nutrientes que el bebé necesita y contiene anticuerpos que contribuyen a protegerlo frente a diversas infecciones. La lactancia también se asocia con menor riesgo de sobrepeso y obesidad durante la infancia, mientras que para la madre se han documentado otros beneficios para su salud.

Pero la lactancia no es solamente nutrición. El contacto piel con piel desde las primeras horas favorece la adaptación del recién nacido y la cercanía entre madre e hijo. Durante el amamantamiento interviene además la oxitocina, hormona fundamental para la eyección de la leche y vinculada con procesos fisiológicos de apego y bienestar.

Hay además un aspecto social que no deberíamos ignorar. Promover la lactancia no significa solamente decirle a una mujer que debe amamantar. Significa crear las condiciones para que pueda hacerlo. Una madre necesita información adecuada, acompañamiento profesional cuando surgen dificultades, apoyo de su pareja y familia, servicios de salud comprometidos y condiciones laborales que permitan conciliar maternidad y trabajo.

Y quizá ésta sea una reflexión particularmente pertinente durante octubre: prevenir el cáncer no comienza únicamente en un consultorio. También supone conocer aquellos hábitos y circunstancias que, a lo largo de nuestra vida, pueden disminuir determinados riesgos.

Por supuesto, la lactancia no sustituye las medidas de detección oportuna recomendadas según la edad y los factores de riesgo de cada mujer. Una cosa complementa a la otra.

Este mes rosa, además de recordar a las mujeres la importancia de revisar su salud y acudir oportunamente al médico, reconozcamos también algo extraordinario: al alimentar y proteger la vida de su hijo, el cuerpo de una madre recibe también protección.

La lactancia materna es alimento, vínculo y salud. Y hoy sabemos que también puede ser una aliada en la prevención del cáncer de mama.

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