¿Qué educación estamos obteniendo?
Palabra de mujer, columna de Ivette Laviada: ¿Qué educación estamos obteniendo?
La semana pasada, desde estas páginas, planteábamos una pregunta: ¿educación o adoctrinamiento? Hoy quisiera continuar la reflexión con otra todavía más concreta: después de varios años de transformación del sistema educativo, ¿qué educación estamos obteniendo?
El nuevo ciclo escolar 2026-2027 inició con más de 23 millones de niñas, niños y adolescentes regresando a las aulas y con la Nueva Escuela Mexicana (NEM) entrando, según la propia SEP, en su etapa de consolidación. Es, por tanto, un buen momento para dejar a un lado los discursos y mirar los resultados.
El punto de partida es preocupante. Unicef señala que sólo 56 de cada 100 niños que comienzan la primaria en México terminan la educación media superior sin repetir ni abandonar. PISA 2022 mostró además que 66% de los jóvenes mexicanos de 15 años no alcanzaba el nivel mínimo en matemáticas y 47% tampoco lo hacía en lectura.
Estos últimos datos son anteriores a la plena implementación de la NEM y, por tanto, sería incorrecto atribuirlos a ella. Pero precisamente por eso constituyen la vara con la que tendremos que medirla: ¿estamos consiguiendo revertirlos?
Algunos indicadores recientes tampoco permiten bajar la guardia. Según las cifras oficiales de la SEP, la cobertura educativa de los niños de 3 a 14 años pasó de 90.6% en el ciclo 2022-2023 a 89.3% en 2024-2025. En preescolar la caída es todavía más visible: la tasa neta de escolarización de los niños de 3 a 5 años pasó de 68.4% a 63.6%.
Frente a este panorama, uno esperaría que toda la energía del Estado estuviera concentrada en fortalecer los aprendizajes fundamentales: que nuestros niños comprendan lo que leen, sepan escribir correctamente, dominen las matemáticas, conozcan ciencias e historia, desarrollen pensamiento crítico y adquieran las herramientas necesarias para competir en un mundo cada vez más exigente.
Sin embargo, justo en estos días ha surgido una nueva controversia. El secretario de Educación, Mario Delgado, informó de una reunión con el ministro de Educación Superior de Cuba para fortalecer la cooperación entre ambos países, incluyendo intercambio de docentes, investigadores y estudiantes, así como compartir prácticas para el diseño de programas de formación.
La información provocó inmediatamente preocupación entre sectores del magisterio mexicano. Representantes sindicales han pedido que, ante cualquier eventual incorporación de profesores extranjeros, se dé prioridad a los egresados de nuestras propias escuelas normales que continúan esperando una plaza.
Hay que decirlo con precisión: hasta el momento la SEP no ha anunciado la contratación de maestros cubanos para sustituir profesores mexicanos, ni conocemos contratos, número de docentes, escuelas de destino o presupuesto para hacerlo. Afirmarlo sería adelantarnos a los hechos.
Pero preguntar es perfectamente válido.
¿Por qué Cuba? ¿Qué prácticas educativas queremos aprender de ese país? ¿Qué programas de formación se pretende compartir? ¿Se trata exclusivamente de intercambio académico o también de incorporar determinadas concepciones sobre educación, sociedad y ciudadanía?
La pregunta cobra especial relevancia porque Cuba posee un sistema educativo profundamente vinculado, desde hace décadas, al proyecto político del Estado. Por ello, si México pretende profundizar esa cooperación, la sociedad tiene derecho a conocer con absoluta transparencia qué se va a intercambiar y con qué objetivos.
Y hay otra pregunta inevitable: si México cuenta con maestros, normalistas, pedagogos, investigadores y universidades capaces de enfrentar nuestros problemas educativos, ¿no deberíamos comenzar por escucharlos, formarlos mejor, proporcionarles herramientas y reconocer su trabajo?
Una buena educación enseña conocimientos, desarrolla capacidades y abre horizontes. Enseña al alumno a preguntar, contrastar, argumentar y pensar por sí mismo. Una educación ideologizada comienza justamente al revés: primero determina la respuesta y después enseña al alumno a repetirla.
