Los años que se comparten
Reflexiones, columna de Hortensia Rivera Baños: Los años que se comparten
Que indispensable se vuelve la convivencia con amigos, el café por las mañanas y las charlas que se convierten en ese paraguas, sostén de días lluviosos.
Y es que tenemos que reconocer que no es fácil encontrarse con la acumulación de los años; sin embargo, hay que darnos cuenta de que, envejecer no solo es eso, también significa reunir historias, experiencias, aprendizajes, pérdidas, alegrías y recuerdos que, con el paso del tiempo, van construyendo una vida. De ahí la importancia de encontrar espacios que nos permitan compartir nuestras experiencias y escuchar las anécdotas de personas que al igual que uno, han recorrido caminos en el tiempo.
Es importante mencionar que la compañía de personas de la misma edad tiene un valor profundo, ya que hay un lenguaje que se alimenta de los años, se nutre de recuerdos, épocas que ya no están, canciones que ya no se escuchan pero que quedaron grabadas en el corazón como recordatorio de la época compartida.
Cuando uno comprende, el pasado vivido, conversar no requiere de muchas explicaciones, basta con la expresión vertida en pocas palabras para despertar una historia que parecía dormida.
Esa memoria compartida, fortalece nuestro presente, tener con quien conversar, salir a caminar, tomar un café, compartir una comida, o simplemente sentarse hablar, puede transformar de manera significativa el día a día.
Cuando la amistad se presenta en esta etapa de la vida, uno se siente acompañado, escuchado y necesario; tal vez, esto último, sea una de las formas más hermosas de conservar vivo el entusiasmo.
No olvidemos que los años acumulados también traen consigo momentos difíciles: las ausencias de personas que se nos adelantaron y nos dejaron un vacío que pocas veces podemos llenar, cambios familiares, jubilación, enfermedades que pueden hacer que una persona se resguarde en su hogar y solo permita ser visto por la gente más cercana.
En todos estos momentos saber que uno cuenta con amigos de generación, puede ser la diferencia, un sostén emocional importante. Porque es verdad, no estamos tratando de negar la enfermedad o las dificultades que implican llegar a la tercera edad, sino más bien enfatizar, que éstas vicisitudes de la vida se pueden sortear mejor en compañía, compartiendo silencios y palabras con quienes pueden comprenderlas desde su propia experiencia.
Hoy quiero agradecer a las personas que me han acompañado en esta etapa de la vida. Gracias por las conversaciones, por los recuerdos vividos, las risas y porque no, también los silencios. Gracias por “estar” por escucharme y hacerme sentir que los años vividos no son solamente pasado, sino una riqueza que todavía podemos compartir y disfrutar.
