No politicemos
Salvando el fuego, columna de Enrique Vera: No politicemos
Es un falso debate cuando un político afirma que no hay que politizar tal o cual conflicto. Un problema es político en tanto que nos afecta como sociedad y negarlo es negar la naturaleza misma de la política.
Pero, una lección muy importante para aquellos aprendices a brujo, que piensan que con aprenderse dos frases de “El Principe” de Maquiavelo han entendido las claves del poder, es que la política no es la generación de conflictos sino la gestión de estos.
Un conflicto se vuelve político cuando se visibiliza, cuando se pone en la palestra de lo público; sale de una esfera personal para adquirir una dimensión colectiva. Lo personal es político, sí, cuando sale de uno mismo.
Cuando un político afirma que no hay que politizar es porque quiere verte la cara. Es el discurso perfecto de las élites de la antipolítica que reza: “No formes parte de la discusión, que ya vengo yo a resolverlo”.
Se dice que no hay que politizar el sistema de transporte público cuando hay concesionarios que cobran por kilómetros no recorridos y operadores con pésimas prestaciones laborales. Con paraderos de lujo el norte de la ciudad que cuestan una fortuna al erario y paraderos paupérrimos en el sur de la ciudad. Un sistema de transporte que de facto no es público sino un negocio privado con dinero de los contribuyentes. (“es el mercado, amigo”).
Se dice que no se puede reformar la Agencia de Transporte de Yucatán bajo el argumento de la constitucionalidad, pero no se dice nada cuando hay que aceptar el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en materia de derechos reproductivos.
Se dice que no hay que politizar los servicios públicos cuando se hace una rifa para regalar autos, motos y demás artículos con un aumento estratosférico del predial que nadie pidió. Saludar con sombrero ajeno, dice adagio.
Se dice que no hay que politizar el agua de la ciudad, pero no vaya a ser que este problema tenga que ver con el crecimiento mal organizado y la mafia inmobiliaria.
Se dice que no hay que politizar la educación. Pero es curioso cuando el rasgarse las vestiduras por el fin de las clases exhibe tus privilegios de clase. Si hay algo que nos ha enseñado la interseccionalidad es que no todas desigualdades son las mismas.
No es lo mismo ser una madre, ama de casa, del norte de la ciudad, con un acento super chic, con un par de “muchachas” (ya en el término va incluido hay una discusión sobre la distribución de los cuidados y los trabajos) que una madre soltera, del sur de la ciudad, sin “muchachas” a disposición que te impidan asistir a algún tipo de evento que defienda “la libertad de los que aún no han nacido”.
Politizar es un fundamental en la construcción de una cultura democrática. Lo demás es demagogia. Y no es lo mismo.
