Un nuevo saber social

Letras en libertad, columna de Cristóbal León Campos: Un nuevo saber social

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Uno de los intelectuales más destacados de las últimas décadas fue el sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein, quien, en su obra “Historia de las ciencias sociales” (1997), establece un recorrido a través del desarrollo de las disciplinas científicas dedicadas a comprender los procesos sociales de la humanidad, partiendo de la secularización del conocimiento concebida durante la Edad Media, donde el Renacimiento significó el inicio de la racionalización del pensamiento mediante la interrogación al “saber divino” y lo que
Occidente llamará después saber científico. La crítica a la relación del individuo con el conocimiento transformó, en amplios sectores de la Europa medieval el lugar ocupado por la religión en relación con las explicaciones sobre el ser humano, cuestionando la relación con el clero y, por lo tanto, la figura intelectual de esa época.

Ese debate del Medioevo significó también el surgimiento de la figura del filósofo como un generador de conocimiento en contraposición al teólogo, aunque ambos formaban parte de una élite “erudita” que
discutía las ideas que impactaban a las sociedades. En el fondo, las discusiones estaban dirigidas a validar quién o quienes poseían la “verdad”. Siendo que durante siglos la religión fue vista, a través de los
clérigos, como la poseedora de la verdad sobre la existencia y la vida.

La interrogación a la verdad tuvo en su raíz la puesta en razón del origen de la verdad; es decir, se cuestionó la “verdad de Dios” que no presentaba comprobación alguna, representado un dogma, ante la
verdad racional obtenida de una serie de observaciones empíricas cuyos registros encarnan el desarrollo de la investigación científica. Ese empirismo puso las bases para la elaboración del método científico que como sabemos da fundamento, en principio, al conocimiento actual.

La separación entre las ideas teológicas basadas en la religión y las ideas científicas fundamentadas en la ciencia dio lugar al surgimiento de diferentes ramas del conocimiento, llegando los siglos XIX y XX como los grandes parteaguas en relación a la disputa por la verdad. En este contexto, la educación ya secularizada se convirtió con los cambios sociales en el instrumento socializador del conocimiento (sin que esto signifique aún su masificación), la fundación de universidades y otros centros del conocimiento impulsó la separación entre las ciencias naturales y las humanidades, y catapultó el surgimiento de las ciencias sociales. Pero, no se debe olvidar, que en un principio (y para algunos hasta la actualidad), las ciencias sociales encontraron una división entre la historia (como únicamente estudio del pasado) y las ciencias del presente, como son la economía, la antropología y la sociología, etc.

Wallerstein (1977) señala que el surgimiento de las ciencias sociales tuvo lugar en países de Europa y este proceso dio lugar también a una división del “saber” que fue acompañado con una categorización en
torno a las civilizaciones; es decir, el proceso de desarrollo científico europeo significó también la creación de una división colonialista del conocimiento, estableciéndose, además, concepciones peyorativas en
relación al saber que se desarrolla en otras latitudes, algo que ya se había vivido durante la colonización de América. La negación de otros saberes es una característica del desarrollo de las ciencias sociales, considerándose valido, para Occidente, únicamente el conocimiento surgido en instituciones que se rigen por su lógica del saber.

Es necesario considerar que las transformaciones en las ciencias sociales están ligadas al desarrollo del capitalismo en los países de Occidente, esto, porque los temas de investigación en muchas ocasiones están ligados a los intereses de desarrollo del sistema, siendo las ciencias sociales útiles para este fin, pero también se ha dado en las últimas décadas, sobre todo tras la revolución cultural de 1968, el surgimiento de un replanteamiento de la finalidad y utilidad de las ciencias sociales, generándose una ruptura de los paradigmas tradicionales, abriéndose la mirada a los sectores y clases marginadas, por ello, incluso, el autor hace referencia a la necesidad de represar las ciencias sociales.

La propuesta analítica de Wallerstein parte siempre de un sentido histórico y holístico, y ha contribuido al cuestionamiento de la propia finalidad de las ciencias sociales al otorgarle un compromiso más
allá de la sola generación de información. Su propuesta cimentada en la urgencia de otras ciencias sociales que actúen a favor de la humanidad tiene vigencia en el contexto de crisis mundial actual.

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