La cueva de la Virgen de Lourdes (I)
Mitos y cavernas, columna de Carlos Evia Cervantes: La cueva de la Virgen de Lourdes (I)
Bernadette Soubirous nació en Lourdes, Francia, 1844, en una familia extremadamente pobre; vivían en un calabozo que les habían prestado. Debido a eso la familia envió a Bernadette a vivir con su madrina. En ese tiempo Lourdes era un pueblo pequeño. Así lo publicó José Paris García.
El jueves 11 de febrero de 1858, Bernadette, acompañada por otras dos niñas fue a recoger leña, como generalmente lo hacía. Sin embargo, en esta ocasión fueron hasta el pie de una roca llamada Massabielle y justo allí se encontraron delante de una gruta. Bernadette entró sola pues las niñas no quisieron seguirla ya que el agua de la caverna estaba muy fría.
Ya adentro, ella escuchó una ráfaga de viento y al levantar la cabeza, Bernadette vio una señora vestida de blanco con cinturón azul que le hizo señas para que se acercara, pero ella no se atrevió. La señora tomó el rosario que traía en sus manos e hizo la señal de una cruz. Bernadette se arrodilló y empezó a rezar. Después, la mujer siguió haciendo señas para que se acercara, pero no lo hizo y la señora desapareció.
Bernadette regresó a la cueva el domingo siguiente pues se sentía conmovida interiormente por los hechos anteriores. Primero fue a la parroquia por agua bendita y de ahí se fue a la gruta, nuevamente acompañada por las niñas. Cuando llegaron las tres se pusieron a rezar de rodillas y terminado el primer misterio, ahí estaba, por segunda vez, la señora sonriendo. Entonces Bernadette la roció con agua bendita y siguió orando hasta que la figura desapareció. En la tercera aparición la mujer de blanco le habló por primera vez y le dijo que le hiciera el favor de acudir ahí durante quince días, a lo que Bernadette respondió que sí lo haría. La Virgen le prometió hacerla feliz en el otro mundo.
La visión se manifestó durante los siguientes quince días que Bernadette acudió a la gruta. La Virgen le dijo que los sacerdotes deberían edificarle una capilla y que Bernadette tenía que rogar por los pecadores. En los quince días siguientes, la deidad le confió tres secretos con la prohibición de contárselos a alguien. Bernadette le estuvo preguntando diariamente a la figura quien era, hasta que le respondió pasados los quince días, revelándose como La Inmaculada Concepción, concluye Paris.
José Flores Muñoz publicó que cuando la Virgen se le apareció a Bernardette en la cueva, le dijo que bebiera agua de la fuente; pero la niña no vio ninguna fuente. Pero cuando escarbó en un lugar mostrado por la Virgen, un chorrito de agua empezó a salir. Al paso de los años se descubrió que el agua tiene poderes de curación y que la ciencia no puede explicarlo pues no tiene nada especial. (Continuará).
