Las cuevas de los dogones
Mitos y cavernas, columna de Carlos Evia Cervantes: Las cuevas de los dogones
El etnólogo francés Marcel Griaule llegó a Malí en 1933 y posteriormente encontró a un viejo sabio dogón invidente llamado Ogotemmeli con quien estuvo conversando durante 33 días. Durante ese tiempo le contó al etnólogo un compendio de la cosmogonía del pueblo dogón cuyos habitantes viven en unas cuevas modificadas en el interior de los acantilados Bandiagara. Así lo escribió Jean Bosco Botscho.
Los dogones son un grupo étnico africano de aproximadamente 700 mil individuos. Su territorio original se extiende por los tres emplazamientos del sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Los primeros ocupantes de este lugar fueron los toloy. Su estancia fue entre los siglos III y II a. C. En los trece siglos siguientes vivieron allí los segundos ocupantes, un pueblo que Griaule llamó tellem. Finalmente, los acantilados fueron ocupados por los dogones desde el siglo XIV, que huían del islam. Afortunadamente ellos conservaron las construcciones abandonadas por sus predecesores.
Los dogones entierran a los muertos en las zonas de los acantilados situadas por encima del área de los vivos, como si quisieran mostrar la primacía de la muerte sobre la vida y, al mismo tiempo, elevar a los fallecidos al rango de vigías y protectores de la comunidad. Además, hacen otros orificios en las paredes de las cuevas para depositar a más difuntos.
Ogotemmeli dijo durante los rituales para la siembra se ofrecen sacrificios en los altares; cada nativo entrega su parte y se enuncian los rezos ancestrales. A los dioses se les presenta la ofrenda, supuestamente la aceptan y la devuelven a los hombres y mujeres. De esta manera, todos los habitantes de la comunidad reciben los diversos guisos que sirvieron como ofrenda y así todo es redistribuido. El poder espiritual de las ofrendas entra en los humanos, pasa y vuelve a salir. La cosmovisión de los dogones supone que existe entre los nativos un intercambio continuo, un movimiento incesante de flujos visibles e invisibles. Todo esto es necesario para que se mantenga el orden universal y también para la unión de la comunidad, según Ogotemmeli.
Los dogones se han adaptado a las condiciones de los acantilados que están en una fractura geológica, en una meseta ubicada en la cuenca del río Níger de África. Las rocas predominantes son areniscas de los períodos cámbrico y ordovícico depositadas en estratos horizontales desde hace dos mil millones de años, en un paisaje que estaba inundado cuando el clima era más húmedo. La meseta está formada por la sabana con zonas de vegetación esteparia.
Las casas de la aldea fueron hechas de barro y paja. La mitología dogón contiene unos conocimientos astronómicos sorprendentes, puesto que saben de los satélites de Júpiter, los anillos de Saturno, y una estrella llamada Sirio B que es imposible ver a simple vista, concluye Jean Bosco Botscho.
