El Sótano de las Golondrinas
Mitos y cavernas, columna de Carlos Evia Cervantes: El Sótano de las Golondrinas
El nombre de esta caverna alude a las innumerables aves, en su mayoría golondrinas y vencejos que, como una enorme nube negra, giran en torbellino sobre este abismo. Así lo publicó la editorial Selecciones del Reader’s Digest.
Esta cavidad se ubica en la Sierra Madre Oriental, al sudeste del estado de San Luis Potosí. Se accede a ella por la carretera Monterrey-México, siguiendo hacia el oeste hasta Aquismón. Cerca del lugar, a 4 kilómetros de Tamapatz, se abre la entrada de la sima y desde allí se puede ver la gran cantidad de vencejos, golondrinas y periquitos verdes que habitan en la caverna.
Golondrinas se encuentra a 740 metros sobre el nivel del mar. A pesar de su aislamiento, la entrada fue conocida primeramente por los nativos huastecos, que poblaban esta región desde mil años a. de C. La sima fue hallada de nuevo en 1957 por un grupo de montañistas mexicanos y franceses, que se limitaron a examinar su acceso.
La primera expedición para explorar la cavidad fue en 1966; reunió a tres espeleólogos estadounidenses, T. R. Evans, Charles Borland y Ronald Stearns, y permitió comprobar la excepcional profundidad del abismo. En abril de 1967, T. R. Evans, apoyado por un equipo de la Asociación para el Estudio de las Cavernas Mexicanas, de Austin, Texas, se adentró en la sima utilizando la nueva técnica del rapel, es decir, descender al vacío mediante una cuerda de nailon de 13 milímetros de diámetro, hasta una profundidad de 333 metros. La subida desde el fondo del abismo duró unas dos horas y media.
En diciembre de 1968, otros dos espeleólogos estadounidenses, T. Wilson y T. Petronoff, tras llegar también al fondo del gran pozo de las Golondrinas, descubrieron una abertura, que un equipo del Bloming Indiana Grotto exploraría un año más tarde hasta llegar a unas galerías laterales que miden 515 metros de longitud. Actualmente, la fascinación que ejerce esta sima sobre los espeleólogos mexicanos y estadounidenses, atrae todo el año a numerosos jóvenes que acampan en su entorno aguardando su turno para descender al vacío.
Un corte transversal de la sima de las Golondrinas muestra su morfología. Se aprecian dos zonas muy distintas: un gran pozo inicial y la red que le sigue. El gran pozo constituye sin duda la maravilla del lugar. Su orificio superior mide 49 por 62 metros. La vertical, desde el punto inferior del brocal, alcanza 333 metros, y a partir del punto más alto es de 376 metros. La sima se abre hacia abajo en forma de campana, de modo que su base se constituye en sala de 305 metros de ancho por 134 de largo, concluye Selecciones del Reader’s Digest.
En las últimas décadas, Golondrinas se ha vuelto uno de los mayores desafíos para los espeleólogos de todo el mundo.
