¿Y tú, eres virmorista?

Libro obsesiva, columna de Adriana Marín Martín: ¿Y tú, eres virmorista?

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Hay palabras que uno oye y entiende inmediatamente, aunque no las haya escuchado antes. Eso me pasó con Virmor.

El vocablo fue creado por Tati Ballesteros, la criminóloga especializada en análisis de conducta que apostó por algo extremo al escribir el libro “Honrar la vida”, en el cual nos presenta la palabra VIRMOR, la cual significa vivir con amor. 

Cuando platiqué con ella acerca de “Honrar la vida”, entendí que la cosa va mucho más allá de juntar letras bonitas: se trata de vivir con amor, conciencia y gratitud. Hasta ahí, todo parece muy sencillo. Lo interesante vino cuando Tati me dijo que en el mundo existen muchos virmoristas, solamente que todavía no saben que lo son.

Y entonces me puse a pensar… ¿Será que nosotros también conocemos algunos? Seguro que sí. Está la señora que, aunque tiene sus propios problemas, siempre encuentra tiempo para escuchar a alguien. 

El papá que todos los días se levanta temprano para llevar a sus hijos a la escuela. La amiga que aparece justo cuando uno está hecho un desastre. La persona que, después de pasarla mal, todavía tiene ganas de hacer algo bueno por alguien más.

A lo mejor ellos son virmoristas. Tal vez nosotros también lo hemos sido alguna vez sin darnos cuenta.

Lo que más me llamó la atención de la conversación con Tati es que ella no habla del amor desde una visión ingenua de la vida. Como criminóloga, ha conocido de cerca la parte más complicada del ser humano, esa que no siempre queremos mirar. Ha visto historias difíciles, dolorosas, situaciones que podrían hacer que cualquiera terminara desconfiando de las personas.

Sin embargo, después de conocer esa parte oscura, ella sigue creyendo que el amor puede mucho más. Eso me gusta. Porque cualquiera puede hablar de amor cuando todo está bien. Lo verdaderamente complicado es seguir creyendo en él cuando la vida nos da una buena sacudida.

“Honrar la vida” también me hizo pensar en algo que escuchamos hasta el cansancio: agradecer. Sí, ya sé, otra vez la gratitud. Pero quizá el problema es que sabemos decir la palabra y no siempre sabemos practicarla.

Agradecer no quiere decir que todo nos tenga que gustar. Tampoco significa hacernos los fuertes cuando estamos pasando por un mal momento. Simplemente es aprender a reconocer aquello que sí tenemos mientras seguimos trabajando por lo que nos hace falta.

Y luego está el perdón. Ese sí que nos cuesta. Tati habla del perdón como una de las maneras de acercarnos a la felicidad. Creo que tiene razón en algo fundamental: perdonar no siempre cambia al otro, pero sí puede cambiarnos la vida a nosotros.

Porque cargar enojo durante años también cansa. Tal vez por eso “Honrar la vida” no es solamente un libro para leer. Es uno de esos ejemplares que te detienen un rato para preguntarte qué estás haciendo con la vida que tienes.

Y ahora que conozco la palabra, me queda una duda: ¿será que tú también eres un virmorista y todavía no te has enterado? Yo, por si acaso, voy a empezar a buscar señales. Uno nunca sabe…

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