Trump basa su estrategia comercial en las ideas de un estafador: Peter Navarro

Hace quince días, la Oficina de Política Comercial y Manufacturera de la Casa Blanca, el feudo de Peter Navarro, publicó un reporte...

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Hace quince días, la Oficina de Política Comercial y Manufacturera de la Casa Blanca, el feudo de Peter Navarro, publicó un reporte de 25 páginas titulado “La gran estafa del transbordo” (The Great Transshipment Scam), cuya portada exhibe, sin asomo de sutileza, un caballo de Troya construido con contenedores.

La tesis es que más de 40 países, México entre los principales, forman una “red sombra” que permite a China “lavar” sus exportaciones, es decir, hacerlas pasar como originarias de otros países para evadir los aranceles estadounidenses.

El reporte parte de un fenómeno real. Pero tiene un primer problema de origen: denuncia un incendio provocado… por sus propios autores.

El principal problema de estos reportes es su autor: Peter Navarro. Este sujeto es un economista estadounidense que se desempeña como consejero principal de comercio y fabricación del presidente Donald Trump desde enero de 2025. Conocido globalmente como el "zar de los aranceles", Navarro es el arquitecto fundamental de la agresiva agenda económica y proteccionista "Estados Unidos Primero" de la Casa Blanca.

En la primera administración Trump: Fungió como director del Consejo Nacional de Comercio y lideró la Oficina de Política Comercial y Manufacturera (OTMP). Se convirtió en el primer exfuncionario de Trump en cumplir una condena de cárcel tras negarse a cooperar con la investigación del Congreso sobre el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. Su total fidelidad le valió el apodo afectuoso de "mi Peter" por parte de Trump.

Navarro fue pieza clave en la ejecución del denominado "Día de la Liberación", imponiendo aranceles masivos a las importaciones globales. Esto ha provocado disputas internas en el gabinete, incluyendo un fuerte choque público con Elon Musk.

A lo largo de los años, en sus obras publicadas, ha sustentado sus argumentos arancelarios basado en las opiniones de Ron Vara, ¡¡¡¡que no es más que un economista ficticio inventado por mismo Peter Navarro!!!  El nombre "Ron Vara" es un anagrama exacto del apellido de Navarro. Navarro utilizó este personaje y lo citó como fuente experta en varios de sus libros sobre comercio y políticas hacia China (como Muerte por China) para respaldar sus posturas de línea dura.

En 2019, una investigación periodística destapó que Ron Vara no existía en el mundo real y que se trataba de una invención. Al ser descubierto, Peter Navarro restó importancia al asunto y lo calificó como una "broma interna" y un recurso narrativo. El uso de una fuente falsa en libros de no ficción y de corte político-económico desató cuestionamientos sobre la integridad académica de los argumentos detrás de algunas de sus posturas arancelarias.

Así que como Usted puede ver, Donald Trump hizo de las mentiras de Navarro, políticas públicas que han afectado al comercio mundial y a México en especial.

n agosto de 2026, los informes de Navarro acusando a México de servir como "lavandería" de mercancías chinas mediante el transbordo ilegal se han convertido en un eje central y polémico de cara a la revisión del T-MEC.

Antes de que en 2018 el primer gobierno de Trump impusiera los aranceles de la Sección 301, la brecha entre el arancel aplicado a China y el aplicado al resto del mundo era de menos de un punto porcentual. Hoy, según cálculos de The Economist, ronda los 29 puntos.

Cualquier estudiante de primer semestre de economía habría predicho lo que ocurrió: la participación de China en las importaciones estadounidenses cayó de 21 a 9 por ciento, mientras crecía la de países “conectores” como Vietnam, Malasia y México. Navarro llama a eso una estafa. La teoría económica lo llama arbitraje: la respuesta mecánica y predecible a los incentivos que su propia política creó.

Un segundo problema es de definición. El reporte no se limita al fraude aduanero —reetiquetar un producto chino como mexicano, lo que es ilegal y debe perseguirse—, sino que considera sospechoso todo bien con “insumos chinos, financiamiento chino, relaciones con proveedores chinos o pasos de producción en China”.

Con esa vara, como señaló Deborah Elms, de la Hinrich Foundation, citada por The Economist, “todo es transbordo”. Los 43 países señalados concentran más de 70 por ciento de las importaciones estadounidenses no chinas. La acusación no es contra un delito: es contra la arquitectura misma del comercio global.

Un tercer problema son las cifras. El reporte junta cinco estimaciones que van de 40 mil a 303 mil millones de dólares anuales, una diferencia de siete veces y media que delata que no miden lo mismo. La más acotada, de Goldman Sachs, calcula 40 mil millones de re-exportación superficial, pero ni siquiera afirma que ese flujo sea ilegal. La más alta, de Altana, una plataforma de inteligencia comercial mide una exposición de cadenas de suministro que abarca transformación legítima.

Promediar estimaciones que miden fenómenos distintos no reduce la incertidumbre: la disimula. Produce, eso sí, un número escandaloso para ganar titulares.

¿Y México? Navarro nos colocó en el grupo de mayor riesgo y nos llamó “uno de los mayores transbordadores”. Los datos cuentan otra historia. De acuerdo con el IMCO, entre 2024 y 2025 las importaciones de Estados Unidos desde China cayeron 131 mil 700 millones de dólares y las provenientes de México aumentaron 31 mil 200 millones. Si México fuera la puerta trasera, sus compras a China habrían crecido en magnitud comparable. Crecieron apenas 3 mil 800 millones.

El caso de maquinaria y equipo de cómputo, principal capítulo exportador mexicano, es más claro: las ventas a Estados Unidos aumentaron 45 mil millones de dólares, mientras las importaciones desde China en el mismo rubro crecieron mil 300 millones. Treinta y cinco dólares exportados por cada dólar adicional importado. Eso no es una ruta de tránsito: es producción.

El propio IMCO construyó un indicador —la Razón de Importaciones Chinas: cuántos centavos importa México de China por cada dólar que exporta a Estados Unidos— que, de existir una triangulación generalizada, tendría que estar subiendo. Bajó de 25.7 a 24.9 por ciento entre 2024 y 2025.

Nada de esto significa que no existan casos de fraude. Los hay, y México haría mal en negarlo. Pero hay una distancia enorme entre operaciones puntuales de reetiquetado y la acusación de que el país entero funciona como lavandería de mercancías chinas.

Lo relevante es el momento. El reporte forma parte del expediente con el que Washington llegará a la revisión del T-MEC. Y la verdadera amenaza no es el documento en sí, sino que su definición expansiva de transbordo termine convertida en doctrina comercial estadounidense.

México debería adelantarse: ofrecer mecanismos más estrictos de trazabilidad y verificación, incluso a nivel de fracción arancelaria, y perseguir el fraude real, pero exigir al mismo tiempo criterios objetivos que lo distingan de la transformación productiva legítima. Ahí, en el dato verificable —donde el reporte es más débil—, es donde México puede ganar la discusión.

Al final, los aranceles diferenciados crearon los incentivos que Navarro ahora denuncia. Mientras permanezcan, habrá relocalización legítima, habrá intentos de fraude y habrá, seguramente… más reportes de Peter Navarro confundiendo una cosa con la otra. 

 

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