Sobrevaloración del talento

Vamos a conciertos de piano y me pregunto ¿Cuántas veces habremos escuchado de esto? ¡Que talento tiene, nació para esto!

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Vamos a conciertos de piano y me pregunto ¿Cuántas veces habremos escuchado de esto? ¡Que talento tiene, nació para esto! Es un cumplido hermoso, pero encierra una enorme mentira. La habilidad musical no es un don mágico que se hereda, ya que esto le resta mérito al esfuerzo colosal del alumno y limita a quienes creen que no nacieron con el don. Lo que la sociedad llama talento es, en realidad, resultado de una fórmula científica y social. Cuando vemos a un niño dominar el teclado, estamos presenciando la suma de estos cinco pilares:

1. Exposición temprana. Nadie nace sabiendo a qué suena una escala mayor. El bien oído suele ser el resultado de un entorno donde se escuchó buena música, cantó, bailó o fue expuesto a ritmos en casa desde sus primeros años, contrayendo redes neuronales que le permitieron decodificar el lenguaje musical.

2. Memoria de trabajo. Tocar el piano exige leer una nota, calcular un ritmo, traducirla a una coordenada especial en el teclado y mandar la orden al dedo, todo en milisegundos. No es facilidad, es desarrollar un entrenamiento mediante una práctica estructurada en una base sólida.

3. Atención sostenida. El talento esconde horas de concentración profunda. Alguien consigue atar un problema en un compás y resolverlo sin distraerse, está utilizando su lóbulo frontal para inhibir impulsos. Esto le permite que el aprendizaje pase del ensayo y error a un nivel de control totalmente consciente.

4. Práctica acumulada. El virtuosismo que maravillan al público, son el resultado de repetir un pasaje con conciencia y postura, haciendo que la memoria motora sea cada vez más rápida y a prueba de estrés.

5. Apoyo familiar. Detrás de cada niño hay adultos que no se rinden. Papás que organizan rutinas, validan la frustración cuando la pieza no sale, asisten a las clases y fungen como reguladores emocionales. Ningún cerebro infantil aprende en el aislamiento.

Si quitamos la palabra "talento" de nuestro vocabulario, le devolvemos a nuestros niños el poder sobre su propio aprendizaje. Talento es muchas veces el nombre que le damos a la práctica deliberada y acumulada en el tiempo. Hasta la próxima semana.

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