Residencial Las Américas: un grito en la oscuridad
Hay conflictos que dejan de ser asuntos entre particulares cuando ponen en riesgo la tranquilidad, el patrimonio...
Hay conflictos que dejan de ser asuntos entre particulares cuando ponen en riesgo la tranquilidad, el patrimonio y la seguridad de cientos de familias. Ese es precisamente el caso de Residencial Las Américas Fase II, donde la disputa por el control de la administración ha escalado a niveles preocupantes, al grado de registrarse amenazas y momentos de alta tensión.
Alrededor de 500 familias viven desde hace meses atrapadas entre la incertidumbre y el miedo. Dos grupos se disputan la administración del fraccionamiento y, con ello, el manejo de los recursos que genera. Ambos aseguran tener la razón, ambos dicen representar la voluntad de los vecinos y ambos descalifican a la contraparte. Mientras tanto, quienes realmente pagan las consecuencias son los habitantes.
La confrontación ha llegado al absurdo. Muchos vecinos ya no saben a quién deben pagar sus cuotas de mantenimiento y, ante la confusión, simplemente han optado por no hacerlo. Esto pone en riesgo la continuidad de servicios esenciales como la vigilancia y el mantenimiento, afectando directamente la seguridad y la calidad de vida de toda la comunidad.
La situación se agrava porque Residencial Las Américas Fase II no opera bajo un régimen condominal, por lo que carece de reglas claras para resolver una controversia de esta naturaleza. El vacío legal ha permitido que el conflicto se prolongue y que el diálogo sea sustituido por la confrontación.
Este fin de semana la tensión alcanzó un nuevo nivel cuando el grupo opositor a la administración histórica tomó las casetas de vigilancia, generando momentos de gran incertidumbre. Al cierre de esta entrega permanecían dos elementos de seguridad en cada caseta, uno contratado por cada grupo. La pregunta es inevitable: ¿con qué recursos se está financiando esa duplicidad de personal y cuánto tiempo podrá sostenerse una situación tan irracional?
Frente a este escenario, la intervención de la autoridad ya no es una opción, sino una obligación. No para favorecer a una de las partes, sino para garantizar la legalidad, restablecer el orden y evitar que el conflicto termine en una tragedia. Una salida viable sería organizar una elección transparente, con reglas claras, un padrón confiable y la supervisión de las autoridades competentes, mientras el fondo del litigio se resuelve por la vía judicial.
Esperar a que el problema se resuelva por sí solo sería una irresponsabilidad. La tensión aumenta día con día y sería lamentable que las autoridades actuaran únicamente después de que ocurriera un hecho irreparable. Como dice el viejo refrán, no hay que esperar a ahogar al niño para tapar el pozo.
Y hay otro elemento que no debe pasar inadvertido. Quintana Roo está a las puertas de un nuevo proceso electoral y quienes hoy gobiernan, así como quienes aspiran a hacerlo mañana, tienen la oportunidad de demostrar que la política también sirve para resolver los problemas cotidianos de la gente. Los ciudadanos no esperan discursos; esperan soluciones.
Residencial Las Américas Fase II también es Cancún. Sus habitantes pagan impuestos, generan economía, forman parte del crecimiento de la ciudad y tienen derecho a vivir en paz. Ninguna diferencia entre grupos puede estar por encima del interés de cientos de familias.
Porque cuando un conflicto vecinal rebasa el ámbito privado, amenaza la seguridad colectiva y pone en riesgo la gobernabilidad de una comunidad, deja de ser un pleito entre particulares para convertirse en un asunto de interés público. Y en ese momento, la autoridad ya no puede ser espectadora. Debe intervenir con firmeza, legalidad e imparcialidad. Lo contrario sería permitir que el vacío de autoridad siga ocupando el lugar que le corresponde al Estado.
