Mara baja el balón y desactiva la turbulencia política

Hay golpes mediáticos que llegan con la intención de hacer daño y otros que, por la forma en que son respondidos...

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Hay golpes mediáticos que llegan con la intención de hacer daño y otros que, por la forma en que son respondidos, terminan perdiendo buena parte de su fuerza. Eso es precisamente lo que está ocurriendo con el escándalo de los vuelos privados atribuidos a la gobernadora Mara Lezama.

La acusación apareció en un momento particularmente significativo: a unos meses de que Quintana Roo entre de lleno en la ruta hacia las elecciones de 2027 y cuando la sucesión gubernamental comienza a calentar motores.

Una investigación periodística difundió que Lezama habría realizado 97 vuelos en aeronaves privadas desde su etapa como presidenta municipal de Benito Juárez y durante su actual administración. El señalamiento abrió, de inmediato, un frente político que algunos seguramente pensaron convertir en una auténtica tormenta.

Pero Mara hizo algo que pocas veces se ve en política: bajó el balón.

No salió a descalificar al medio que publicó la información, no recurrió al discurso de persecución ni intentó esconderse detrás de tecnicismos. Su respuesta fue mucho más sencilla: explicó que los viajes privados existieron, pero rechazó que fueran 97 en los términos difundidos y, sobre todo, negó categóricamente que alguno de sus desplazamientos personales haya sido pagado con recursos públicos. Explicó además que se trató de viajes realizados por distintas circunstancias.

Y ahí está la diferencia.

Porque una cosa es acusar a una gobernante de utilizar aviones privados y otra muy distinta demostrar que esos vuelos fueron pagados con dinero del erario. Hasta ahora, el punto central que plantea la mandataria es precisamente ese: que no existe utilización de recursos públicos para sus viajes particulares.

Incluso la presidenta Claudia Sheinbaum pidió que se aclarara el asunto, pero también dejó claro que primero habría que conocer qué tan cierta es la información difundida y, en su caso, bajo qué condiciones se realizaron los vuelos.

Mara entendió perfectamente el terreno en el que estaba jugando.

Negar absolutamente todo habría sido peligroso. Porque existen registros de vuelos y, ante ello, una negación total podía convertirse en una contradicción todavía mayor. En cambio, reconocer que hubo viajes privados, explicar su carácter y poner sobre la mesa que no fueron pagados con dinero público, le quitó oxígeno al golpe.

¿Es suficiente? Desde luego que cualquier señalamiento sobre el patrimonio, gastos o estilo de vida de un servidor público debe ser aclarado. Y si existen dudas, que se investiguen. Nadie debería estar por encima del escrutinio público.

Pero tampoco puede perderse de vista el contexto político.

Estamos a las puertas de 2027 y en Quintana Roo se está jugando una de las sucesiones más importantes del país. Morena todavía no termina de resolver quién encabezará su proyecto, el Verde Ecologista observa cuidadosamente cada movimiento y los grupos internos ya comienzan a medir fuerzas.

Por eso sería ingenuo pensar que una información de esta magnitud, difundida precisamente ahora, no tendrá consecuencias políticas.

El golpe estaba servido. Lo que no estaba calculado, quizá, era la manera en que la gobernadora respondería.

Porque lejos de convertirlo en una guerra, Mara decidió quitarle dramatismo, reconocer lo que tenía que reconocer, negar lo que considera falso y explicar lo que debía explicar.

Y así, lo que pretendía ser una bomba política terminó convertido, por lo menos de momento, en una pelota que la gobernadora tomó con las manos y dejó suavemente en el suelo.

La política quintanarroense apenas comienza a entrar en calor. Y si algo dejó claro este episodio es que, rumbo a 2027, los golpes vendrán de todos lados.

La pregunta será quién sabe recibirlos sin caer en la lona.

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