Emergencia político-financiera en Playa

En Playa del Carmen, donde el crecimiento urbano, la presión turística y las exigencias sociales no dan tregua...

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En Playa del Carmen, donde el crecimiento urbano, la presión turística y las exigencias sociales no dan tregua, las finanzas municipales son la columna vertebral de la gobernabilidad. Por eso, la llegada de Guillermo Brahms a la Tesorería municipal no es un simple relevo administrativo, sino una operación de emergencia.

Porque lo que se comenta en los pasillos del ayuntamiento no es menor: el nuevo tesorero tendrá que recoger el “cochinero” financiero que dejó Javier Regalado Hendricks. Un término duro, sí, pero que refleja el nivel de preocupación que existe alrededor del manejo de los recursos públicos durante la pasada gestión en esa área. Cuentas poco claras, decisiones cuestionadas y una percepción creciente de opacidad son parte de la herencia que ahora deberá enfrentar Brahms.

La situación coloca a la presidenta municipal, Estefanía Mercado, en una posición delicada pero también decisiva. Ella sabe perfectamente que la confianza ciudadana puede perderse más rápido de lo que se gana. Y sabe, además, que cualquier sombra de corrupción o desorden financiero puede convertirse en una pesada losa rumbo a una eventual candidatura de reelección.

Por eso no sorprende que la instrucción política sea limpiar a fondo las finanzas municipales. No se trata únicamente de encontrar irregularidades, sino de demostrar que existe voluntad real de transparentar el uso del dinero de los playenses. Ahí está el verdadero reto para Guillermo Brahms: no basta con ordenar papeles ni maquillar cifras; tendrá que abrir ventanas, rendir cuentas y demostrar con hechos que la Tesorería dejó de ser una caja negra.

Porque en Quintana Roo ya existe un profundo cansancio social frente a los escándalos administrativos. La gente escucha millones y millones de pesos en presupuestos, pero sigue viendo calles deterioradas, servicios insuficientes y colonias con carencias básicas. Cada peso mal manejado termina traduciéndose en menos seguridad, menos obras y menos bienestar.

El problema es que históricamente muchos gobiernos municipales han actuado bajo una lógica peligrosa: esconder los problemas financieros para evitar costos políticos inmediatos. Pero tarde o temprano la realidad alcanza. Las deudas aparecen, los proveedores reclaman, las auditorías llegan y los ciudadanos terminan pagando las consecuencias.

Si de verdad existe la intención de limpiar la casa, entonces la administración de Estefanía Mercado tendría que ir más allá del discurso. Sería sano informar públicamente cuál es el estado real de las finanzas municipales, qué observaciones existen, qué contratos están bajo revisión y qué medidas correctivas se implementarán. La transparencia no puede quedarse en slogan de conferencia de prensa.

Porque también hay una verdad incómoda: quien decide mantener silencio frente a posibles irregularidades termina cargando políticamente con ellas. Y eso es precisamente lo que la alcaldesa parece querer evitar. Entiende que su futuro político podría depender menos de la propaganda y más de la credibilidad.

En Playa del Carmen comienza una etapa clave. Guillermo Brahms tiene enfrente una prueba de fuego. Si logra transparentar las cuentas y recuperar la confianza ciudadana, habrá dado un paso importante para sanear la administración. Pero si todo queda en simulación, entonces el problema no será solamente financiero: será profundamente político.

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