El sarampión volvió y no es el mismo de hace 30 años

De niños nos enseñaron que el sarampión era fiebre muy alta, ojos llorosos, manchas blancas dentro de la boca y un sarpullido rojo...

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De niños nos enseñaron que el sarampión era fiebre muy alta, ojos llorosos, manchas blancas dentro de la boca y un sarpullido rojo que bajaba de la cara al cuerpo. Era una enfermedad casi obligatoria y muy contagiosa. Gracias a la vacuna triple viral, México lo eliminó. Hoy volvió y nos recuerda que la memoria inmunológica de una comunidad también se olvida si baja la guardia.

En Quintana Roo, donde hace un año casi no se hablaba de él, ya acumulamos 307 casos de febrero al 11 de agosto, con 21 contagios en solo cinco días. No es un dato menor en un estado que recibe millones de turistas y donde un caso importado puede encender una cadena de transmisión comunitaria.

¿Ha cambiado la clínica? Sí. El virus es el mismo, pero nosotros no. Antes el cuadro era clásico y explosivo. Ahora vemos tres presentaciones: la clásica en no vacunados, la atípica leve en personas con una sola dosis o inmunidad menguante, que puede cursar sin fiebre alta o sarpullido escaso y confundirse con dengue o alergia, y la grave en bebés menores de un año y adultos jóvenes no vacunados. La contagiosidad sigue siendo brutal: un caso puede contagiar a 18 personas, y el virus queda en el aire hasta dos horas después de que el enfermo se fue.

¿Hasta dónde puede llegar? Lejos. El sarampión no solo es ronchas. Puede causar otitis, neumonía, encefalitis y muerte. Una de cada mil personas puede desarrollar daño cerebral permanente. En embarazadas provoca parto prematuro y bajo peso. Con dengue circulando y la Riviera Maya llena, un brote puede saturar hospitales, cerrar escuelas y golpear al turismo. Cuando la cobertura cae por debajo de 95%, el virus explota y no perdona.

¿Qué debemos hacer en casa? Revisar la Cartilla Nacional de Salud. Todo niño necesita dos dosis de SRP a los 12 y 18 meses y refuerzo a los 6 años. Adultos nacidos después de 1970 sin dos dosis comprobadas deben vacunarse. Si hay fiebre y ronchas, no automedicar, no ir a trabajar o escuela y usar cubrebocas. Aislar 4 días después del inicio del exantema y avisar de inmediato al centro de salud para toma de muestra y cerco epidemiológico.

Exhorto a la Secretaría de Salud estatal y federal: la estrategia existe y hay abasto. Se adquirieron 27.3 millones de vacunas en 2026 y se han aplicado 11 millones 853 mil dosis en todo el país, disponibles de forma gratuita en IMSS, IMSS Bienestar, ISSSTE y demás instituciones sin importar derechohabiencia. Superamos 37 millones de dosis de enero de 2025 a abril de 2026. Pero la cobertura debe llegar a territorio. Necesitamos módulos fijos en plazas y tianguis de Cancún, Playa del Carmen y Chetumal con horarios extendidos, brigadas en hoteles, escuelas y albergues de trabajadores, y avisos en todas las escuelas como acordó la Presidencia. El rastreo de contactos debe ser en 24 horas y con laboratorio.

Y a los turistas: Quintana Roo no puede pedir visa sanitaria, pero sí exigir responsabilidad compartida. Propongo que aerolíneas, hoteles y agencias pidan comprobante de vacunación o declaración de no tener síntomas ni contacto con caso sospechoso en los últimos 21 días. No es discriminación, es protección. Un visitante con fiebre y sarpullido no debe abordar. Un trabajador enfermo no debe atender huéspedes. Cuidar al que llega es cuidar al que vive aquí. El sarampión es prevenible. Vacunarse es un acto de amor colectivo. No necesitamos más casos para actuar ya.

 

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