Asia gana ventajas a México con respecto a Estados Unidos

Aunque algunos analistas dicen que esta premisa es falsa, declarando que México no ha perdido importancia; al contrario...

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Aunque algunos analistas dicen que esta premisa es falsa, declarando que México no ha perdido importancia; al contrario, se mantiene firmemente como el principal socio comercial de Estados Unidos, superando de forma constante a Canadá y China mediante cifras récord de intercambio y exportaciones en el mercado norteamericano.

En el estado actual del comercio bilateral, México concentra cerca del 17% de todas las compras al exterior que realiza Estados Unidos. El volumen total de comercio acumulado rebasa cientos de miles de millones de dólares, marcando máximos históricos mensuales. 

Aunque funciona también como el destino primordial para las exportaciones estadounidenses, impulsando millones de empleos transfronterizos. Estos factores de integración, como lo son las cadenas de suministro continúan profundamente unidas gracias al tratado comercial vigente y los procesos de relocalización industrial (nearshoring). Pese a presiones arancelarias o debates políticos coyunturales, la dependencia logística y manufacturera mutua sigue expandiéndose en lugar de contraerse. 

A pesar de lo anterior, las cifras del comercio exterior de Estados Unidos publicadas la semana pasada por el Census Bureau y la Oficina de Análisis Económico confirman un reacomodo relevante: México dejó de ser el segundo origen del déficit bilateral de bienes estadounidense y pasó al tercero. 

Hace un año, solo China superaba el desequilibrio con México. Pero, en el primer semestre de 2026, el déficit de Estados Unidos con Vietnam fue de 114 mil millones de dólares; con Taiwán, de 107 mil 200 millones, y con México, de 102 mil 600 millones. 

En el semestre, las importaciones estadounidenses de bienes cayeron 1.1%. Las provenientes de México crecieron 13%, un desempeño respetable. Pero, las de Taiwán aumentaron 67%; las de Tailandia, 72; las de Filipinas, 50; las de Vietnam, 40; las de Malasia, 35, y las de Corea del Sur, 21, mientras las de Canadá apenas avanzaron 1.4%. 

En conjunto, las compras a esas seis economías asiáticas crecieron 47% en un mercado que se contrajo. México avanza, pero pierde participación justo donde el pastel crece. 

¿Cómo se explica que los países más castigados en el discurso arancelario sean los grandes ganadores del comercio con Estados Unidos? Parte de la respuesta está en el diseño de la política comercial de nuestro vecino. 

México conserva, en el papel, el mejor trato: la mayoría de sus envíos puede ingresar sin arancel si cumple el T-MEC. Pero esa preferencia exige reglas de origen, certificaciones, verificaciones y umbrales de contenido regional, particularmente rigurosos en la industria automotriz. Exportar desde México obliga a documentar el origen de los insumos relevantes. 

Los proveedores asiáticos no gozan de ese acceso y pagan los aranceles aplicables. Pero, al no reclamar una tasa de tratado, tampoco acreditan porcentajes de contenido regional. Sí deben declarar el país de origen y cumplir controles contra la elusión; por tanto, no basta cambiarle el pasaporte a un producto chino. La diferencia real no es ausencia de reglas, sino otra carga de cumplimiento. 

Para algunas empresas, un arancel conocido y un trámite más simple pueden ser preferibles a un arancel cero con riesgo de incumplimiento. Es una preferencia de facto: la de la simplicidad. 

Se suma el sesgo tecnológico. Michael Waugh, economista de la Fed de Minneapolis, calcula que alrededor de 69% de las importaciones vinculadas con la inteligencia artificial está exento de aranceles y enfrenta una tasa efectiva de 4. %, frente a 12.1% para los demás bienes. 

La evidencia introduce un matiz: México no está fuera del auge. Según la consultora Waugh, México y Taiwán aportan cada uno cerca de una cuarta parte de las importaciones estadounidenses relacionadas con la IA. 

El problema no es la exclusión, sino que la mayor aceleración reciente se concentra en redes productivas asiáticas. El resultado es una concentración notable. La suma de los déficits con diez economías asiáticas que mantienen un saldo favorable frente a Estados Unidos equivale ya a 92 de cada 100 dólares del déficit total de bienes, cuando hace un año representaba 60 de cada 100. 

El desequilibrio con Taiwán casi se duplicó, con un alza de 91%; el de Tailandia creció 87% y el de Vietnam, 40, mientras el de México apenas subió 6.6%. 

Ni siquiera la caída de 34% del déficit con China altera la dirección general. Fue acompañada por mayores desequilibrios con otros proveedores de Asia, un patrón consistente con la redistribución regional de las cadenas, aunque las cifras no permiten atribuir todo el cambio a triangulación o contenido chino. También influyó la normalización de las compras farmacéuticas a Irlanda, que redujo drásticamente el déficit con Europa.

 

El mensaje para México es doble. Primero: aumentar sus exportaciones 13% no basta cuando varios competidores crecen entre 40 y 70% y el segmento más dinámico del mercado, el equipamiento para la inteligencia artificial está estrechamente ligado a las cadenas asiáticas. 

Segundo: si Washington endurece todavía más las reglas de origen en la revisión del T-MEC, especialmente en el sector automotriz, podría ampliar la ventaja de facto de Asia en lugar de cerrarla. 

El nearshoring enfrenta así un competidor inesperado: no sólo el costo, sino la simplicidad aduanera y una canasta tecnológica favorecida por las exenciones. La paradoja merece decirse claramente: la política comercial estadounidense puede estorbar más a un socio de tratado que a proveedores sin acuerdo preferencial. 

Si el objetivo de los aranceles era relocalizar la producción en Norteamérica, los datos del primer semestre no muestran todavía un desplazamiento general en esa dirección. Muestran un déficit menos dependiente de China, pero mucho más concentrado en el resto de Asia. 

Ese, más que el tamaño del superávit mexicano, debería ser un tema central de la conversación entre los socios del T-MEC. A ver si los gringos escuchan y negocian con México desde una perspectiva diferente… más realista. 

“GANASTE UN PREMIO”: ASÍ FUNCIONA EL FRAUDE BANCARIO LLAMADO “VISHING”.

Una llamada telefónica aparentemente inofensiva y la promesa de haber ganado un premio pueden convertirse en la puerta de entrada para que delincuentes obtengan datos personales y bancarios de sus víctimas y, posteriormente, realicen retiros o transferencias sin autorización. 

Este método de engaño fue utilizado, de acuerdo con autoridades capitalinas, por una presunta red dedicada al fraude que operaba en la Ciudad de México, Estado de México, Puebla y San Luis Potosí, a la que se atribuye el robo de cerca de 40 millones de pesos. 

¿Cómo operaba el fraude del “ganaste un premio”? De acuerdo con el secretario de Seguridad Ciudadana de la CDMX, Pablo Vázquez Camacho, los presuntos integrantes de esta organización engañaban a las víctimas haciéndoles creer que habían resultado ganadoras de premios u obsequios supuestamente entregados por una institución financiera.

 

El objetivo era conseguir información personal y bancaria que posteriormente era utilizada para efectuar retiros y transferencias no autorizadas. Este mecanismo coincide con una modalidad de fraude sobre la que la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) ha emitido alertas: EL VISHING. 

¿Qué es el vishing y cómo funciona? El término vishing surge de la combinación de las palabras en inglés voice y phishing. Se trata de una modalidad de fraude en la que los delincuentes utilizan llamadas telefónicas para obtener información personal o financiera mediante engaños y técnicas de ingeniería social. 

Los estafadores pueden hacerse pasar por trabajadores de bancos, empresas, operadores de tarjetas u otras instituciones para generar confianza entre sus víctimas. Entre los argumentos más utilizados se encuentran supuestos cargos no reconocidos, bloqueos de cuentas, actualizaciones de información, premios, sorteos u obsequios. 

Precisamente, la Condusef ha advertido sobre llamadas en las que una supuesta operadora informa al usuario que “ganó un premio” y posteriormente solicita información personal. Una vez que la víctima confía en la llamada, los delincuentes pueden intentar obtener datos bancarios, contraseñas, códigos de seguridad u otra información que facilite el acceso a sus cuentas.

 

En algunas modalidades, el fraude no termina con la llamada: los delincuentes pueden continuar el contacto mediante SMS o WhatsApp y enviar enlaces que supuestamente sirven para verificar información, cancelar movimientos o reclamar el premio. 

¿Cómo identificar una llamada de vishing? Una de las principales señales de alerta es que una llamada inesperada solicite información confidencial o intente generar presión para que la persona actúe inmediatamente. 

Frases como “detectamos un cargo no reconocido”, “tu cuenta será bloqueada”, “necesitamos verificar tu identidad” o “ganaste un premio” deben tomarse con precaución, especialmente cuando van acompañadas de solicitudes de datos personales o financieros. 

Incluso el número que aparece en la pantalla del teléfono no garantiza que la llamada sea legítima. Mediante técnicas conocidas como spoofing, los delincuentes pueden manipular la identificación de la llamada para hacer que el número parezca pertenecer a una institución real. 

Por ello, ante cualquier sospecha, lo recomendable es colgar y contactar directamente al banco mediante su aplicación, página oficial o el número que aparece al reverso de la tarjeta.

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