¿Y si sí? Hay motivos para creer

¿Y si sí? Hay motivos para creer, columna Atalaya histórica: José Ramón Pérez Herrera

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La selección mexicana de futbol ha tenido un desempeño histórico en este Mundial y el sueño sigue vivo. Nunca antes un combinado nacional había logrado tal marca en una Copa del Mundo.

Una primera ronda más que perfecta: un debut soñado al vencer a Sudáfrica por 2–0; luego, en un juego cerrado, derrotó por la mínima a Corea del Sur; para terminar imponiéndose con autoridad a Chequia por marcador de 3–0. Paso perfecto, con tres victorias bien logradas y meta invicta, al no recibir ni un solo gol en contra.

Los dieciseisavos de final emparejaron a México contra su similar de Ecuador. Los sudamericanos, en un acto de envalentonada fantasía (después de vencer a Alemania, aunque no pudieron con Curazao), pensaron en derrotar y humillar al Tri en su majestuosa casa de Santa Úrsula: el Estadio Azteca.

La historia es conocida. Un partido controlado por México durante la primera mitad; dos goles que hicieron vibrar a todo el país y más allá de las fronteras; y un segundo tiempo que, aun sin la pelota, México logró controlar bien el encuentro. Al final, la selección ganó, después de 40 años, una eliminatoria directa, apenas la segunda en toda su historia.

Hoy, el calendario mundialista marca que el siguiente escollo de México es la poderosa selección de Inglaterra. Nadie puede negar que los ingleses son favoritos y una de las candidatas a llevarse la copa desde antes de que iniciara el Mundial.

Pero México es local, se juega en el Azteca y las energías están en decibeles inimaginables. La mística del Azteca, las poco más de 80 mil gargantas que alentarán, el ambiente festivo, pero sobre todo la mentalidad de los seleccionados, juegan un papel fundamental en un campeonato de esta naturaleza.

¿Y si sí? Es algo creíble e incuestionable para las niñas y los niños que están creciendo, viendo y vibrando con un combinado nacional que gana, que se impone, que juega buen futbol, que mete goles, pero que no los recibe.

Lo menciono porque, por azares del destino, he escuchado a amigos y familiares decir que sus hijos o sobrinos no dudan de que México gane cada partido; para ellos, eso es lo normal.

Quiero pensar, sueño, que, como en una especie de Genki-dama hecha por Goku, pero tricolor, esa energía, ese pensamiento y esa actitud de las niñas y los niños lance toda esa fuerza hacia los once que estarán en la cancha, buscando ganar un quinto partido y llegar a un histórico sexto juego; que los catapulten hacia unos históricos cuartos de final, en los que muy probablemente el rival sea Brasil.

El Mundial está en casa. El juego México–Inglaterra será el último partido que se escenifique en nuestro país, así que esperemos, soñemos y creamos que el cierre será con un histórico triunfo.

Nada cuesta creer y soñar. Estamos viendo y viviendo historia pura con esta participación de México. Que la fiesta que seguramente se armará demuestre, una vez más, que este Mundial está para cosas grandes, que este Mundial debió ser únicamente en México.

Se vale esta alegría; se vale este festejo.

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