Memoria del dolor
Letras al viento, columna de Karla Martínez Herrera: Memoria del dolor
Hablar de la narrativa de Hang Kang, escritora surcoreana y premio Nobel de Literatura 2024, es hablar de enfrentar el dolor, la esencia y origen del mismo, de cuestionarse el por qué de la existencia humana, así como de sus conflictos que la atañen.
En esta ocasión quiero plasmar mi punto de vista sobre su libro más reciente “Tinta y sangre” (2026), donde explora nuevamente el dolor, dándole un deber como protagonista, ya que a través de sus personajes va marcando el ritmo que lleva la narrativa dentro de la historia.
Uno de los aspectos más poderosos del libro es la relación entre la tinta y la sangre como símbolos inseparables. La tinta representa la necesidad de narrar, de dejar testimonio, de transformar la experiencia en palabras. La sangre, en cambio, recuerda que toda historia nace de algo vivido, sufrido o perdido. Para Han Kang, escribir no parece ser un acto intelectual distante, sino una forma de sobrevivir. Cada frase transmite la sensación de que la memoria tiene un peso físico sobre el cuerpo.
De igual manera, la autora va explorando la memoria del dolor, y que muestra como necesaria, ir recurriendo a ella, para aclarar puntos ciegos en los que va atravesando su personaje principal, al enterarse de que su mejor amiga, la que falleció en un accidente automovilístico, a lo mejor no fue como se lo contaron, sino que sugieren que ella pudo haberse quitado la vida.
Esto la descoloca y la convierte en un ser vulnerable, que lo único que quiere es aclarar las cosas, de acuerdo a los recuerdos y personas que transitaron en la vida de ambas.
A modo de rompecabezas, se embarca en la travesía para lograr el objetivo, sumergiéndonos a los lectores en historias, que van conectando con la fallecida Inju, y con personajes indeseables que se vuelven infierno en el paso terrenal, que tratan de obstaculizar su misión.
Anteriormente menciono la vulnerabilidad del personaje principal, sin embargo, éste no es expresado como fragilidad humana, sino que, viviendo el dolor en silencio, se va recargando de una fuerza abrazadora, que va logrando imponer su presencia y traer de vuelta los pedazos perdidos a través de la tinta, sangre y memoria.
Leer a Han Kang es sumergirse en una fiesta poética, sensorial, y tremendamente emocional, donde los paisajes, sonidos, silencios cobran un significado filosófico que le va dando sentido al dolor y a la tragedia.
El sentimiento melancólico es constante y por ratos pareciera que estás en una historia dentro de otra, donde la complejidad psicológica, física y emocional de los personajes son sorprendentes. Así como la complejidad de las pinturas, sus claroscuros, y las heridas abiertas que las hicieron posibles.
Han Kang sugiere que el sufrimiento no concluye cuando termina el hecho violento; continúa viviendo en la memoria y en el cuerpo de quienes lo atravesaron.
Pasado y presente son piezas claves para desentrañar esta historia, que me atrevo a decir, es de las mejores de la autora.
