Cadenas del alma

Reflexiones espirituales, columna de Roberto Díaz y Díaz: Cadenas del alma

|
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram

“Las cadenas más fuertes y duras de romper son las que nosotros mismos nos imponemos”. En la vida que hoy te tocó vivir ¿eres libre o crees que lo eres?, ¿eres el verdadero dueño de tu persona, de tus actos, decisiones, pensamientos y emociones?, ¿sabes controlar tu vida y la disfrutas en plenitud? Cuántas personas se sienten libres pero están presas, sujetas con las cadenas que ellos mismos han fabricado.

Tal vez la cadena de la incultura sea la tuya. Dios nos dio una mente para desarrollarla en plenitud y sólo la usamos para ver el fútbol y no la nutrimos con lecturas positivas y películas edificantes. ¿De qué te sirve no ser analfabeto si sólo lees tiras cómicas y llenas tu mente de chatarra cultural? ¿Cuántos individuos son esclavos, están encadenados a su trabajo y gastan su vida en un empleo que no acaban de amar? Lo tienen como un sufrimiento, no como un gusto para desarrollar sus aptitudes.

¿Cada mañana vas al trabajo con una sonrisa o llevas en el rostro tu derrota anticipada y ves tu trabajo como una obligación? Eres esclavo, pues estás asediado por tu propio empleo y lo peor es que gastas tu salud. Bien podríamos usar la frase de R. Marín que dice: “Quien no puede hacer lo que ama tiene la posibilidad de amar lo que hace”, pues no hay esclavitud más grande que aquella de no sentirse realizado.

¿Tus cadenas serán tus vicios? Ese cigarro que no puedes apagar y aquel licor que no logras dejar de tomar son drogas que día a día te van consumiendo hasta llevarte a la muerte. Las cadenas del vicio en el vestir, al tener que usar sólo lo que esté de moda; de la camisa sólo te importa la marca y se te ha olvidado que la marca tú se la pones con tu personalidad. Otra cadena que tienes es la vergüenza: que tu auto sea de hace unos años y al llevar a tu hijo al colegio te importa el qué dirán. ¿Usas el auto o eres usado por él? Llevas atadas a los tobillos las cadenas con pesadas bolas de hierro los pagos de la renta, de la luz y el teléfono, de todo aquello sin lo que “no puedes vivir”, de todo aquello con lo que de hecho no vives.

La cadena de tu matrimonio puede que sea pesada e insoportable al confundir el matrimonio como una forma de sometimiento, que alcanza a los hijos y no los deja disfrutar sus vidas. No tengas en tu hogar la cadena de mentir en expresar el amor. Bien dice Nitobe: “No profeses amor con los labios, en tanto abrigas odio en tu corazón”.  Tal vez te has encadenado a luchar tanto en dar una buena vida a los hijos y a tu mujer que se te ha olvidado darles amor y compañía.

Todos nos fabricamos cadenas grandes o pequeñas y nos acostumbramos tanto a ellas que ya no las percibimos. Séneca advierte: “No hay servidumbre más vergonzosa que la voluntaria”. Por eso aún podemos empezar en destruir poco a poco esas cadenas que nos han privado de la libertad y nos han hechos seres infelices e incapaces de amar. Soltar esas amarras para ser mejores, más íntegros, congruentes y llenos de vida. Hay que destruir las cadenas del odio, del rencor y del sufrimiento que llevamos a cuestas sin darnos cuenta.

Pero si no puedes romper una cadena bien la puedes amar, pues la de la enfermedad y del dolor se hace más liviana con la aceptación y la resignación.  Me refiero a cadenas insoportables, como tener un hijo retrasado o un familiar con cáncer o llevar esta misma enfermedad en las entrañas.  Estas son las cadenas del dolor que se llevan con mucho amor, en el apoyo divino del Creador.

Martín Descalzo nos dice: “Sólo es libre quien tiene el alma tensa y dirigida hacia algo que es más grande que él. Pues la libertad malgastada estúpidamente, más que libertad es un sacrilegio”

De nosotros depende romper con el pasado y vivir el hoy, pues el futuro sólo está en manos de Dios, y tomar la decisión de vivir la vida en plenitud, pues nadie es capaz de encadenar un alma decidida a ser libre.  Sin cadenas en mente, cuerpo y espíritu podremos aceptar la sentencia de Séneca: “La libertad es el derecho a hacer lo que no perjudica al prójimo y nadie es verdaderamente libre si es esclavo de su cuerpo”.

Lo más leído

skeleton





skeleton