El poder de los recuerdos

Desde mi trinchera, columna de Michelle Conde Parra: El poder de los recuerdos

|
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram

Observando el rostro de mi padre mientras su mirada emanaba un brillo especial al sostener en la mano dos boletos de autobús del año 1976, comencé a reflexionar sobre lo vívida que una imagen puede llegar a ser cuando se evoca a la memoria. Resulta verdaderamente sorprendente cómo los seres humanos poseemos la habilidad extraordinaria de retroceder en el tiempo mediante la imaginación para posarnos en el momento exacto de algún acontecimiento que marcó nuestras vidas e incluso, en diversas
ocasiones, pudo ser la llave que cambiara nuestro futuro.

Con el paso de los años y nuestras acciones en el día a día, se construyen los cimientos de lo que algunos suelen llamar destino. Sin embargo, es irremediable que surjan memorias que busquen ser suprimidas y guardadas en lo más profundo para evitar que salgan a flote sin darnos cuenta de que las mismas son las responsables de forjar el carácter y hacernos crecer lo más humanamente posible. Es por ello que de cada situación se debe tomar una lección para aplicarla en el mañana, pues, sin duda, del pasado se toma el ejemplo para corregirlo en presente las ocasiones que sean necesarias y sin importar cuántas veces lo intentemos. Luchar es primordial para mantener con constancia fuego en el corazón.

Mientras regresamos sobre nuestros pasos, se debe procurar imprimir toda la pasión al momento de narrar nuestras vivencias; pero también se debe abrir el corazón al momento de escuchar que brotan de los labios de los demás, pues, el anciano que alguna vez fue niño puede sentir de nuevo la emoción de estar en los brazos de su madre; aquel adulto percibe los aromas de un libro nuevo el primer día de clases e, incluso, el joven puede reír a carcajadas con las anécdotas suscitadas en compañía de los amigos que hoy ya no se encuentran más. Resulta vital entonces atesorar los instantes invaluables y aquilatar cada uno
de ellos con todo el amor.

Aprende a realizar una pausa ante las acciones y aguza cada uno de los sentidos para no olvidar ningún detalle. Graba los sentimientos plasmados, los colores que dieron luz e incluso las palabras claves que
atravesaron los oídos pero se tatuaron en el alma, porque la vida muchas veces no nos brinda segundas oportunidades ni permite nuevos reencuentros. Encárgate de abrirle paso a la mente para que todo lo que permanezca en ella se convierta en luz para seguir caminando en el universo y que las acciones no se marchiten ni se pierdan en el abismo, y por el contrario, recuerda a cada instante todas las ocasiones en las que la vida era feliz, cuando la tristeza no se manifestaba en lo efímero sino que la alegría brotaba en cada risa que nos hizo sentir vivos. Por ello, alimenta la imaginación para traer al ahora todo lo bello una y otra vez sin olvidar, cuantas veces sea necesario, que los recuerdos son tan fuertes, reales y poderosos que deben ocupar siempre un pedestal seleccionado en un lugar muy puro dentro de tu corazón.

Lo más leído

skeleton





skeleton