De cero en adelante

Desde mi trinchera, columna de Michelle Parra Conde: De cero en adelante

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Por el retrovisor podemos observar cómo quedan detrás de nosotros todos los sentimientos de angustia, desesperación y tristeza, mientras que con fortaleza abrimos la puerta a los pensamientos cargados de
positivismo y esperanza. Nuevo año, nuevas metas, nuevas expectativas. ¿Significa entonces partir de la nada en búsqueda del todo?

En el abismo de nuestra mente, con dirección hacia lo más profundo, existe un libro que con nuestra voluntad se escribe cada día. Algunas veces suelen plasmarse en sus páginas capítulos llenos de momentos que quisieran pasar por la omisión, mientras que otros tantos buscan desesperadamente cómo permanecer sin lograr el éxito deseado. La diferencia radica en el método que se emplea para su escritura: ¿se prefiere la tinta que difícilmente desaparece o el lápiz que permite borrar para crear un nuevo comienzo?

Es por ello que a cada acción se le debe de asignar el valor que merece, de tal modo que lo importante se clasifica en perpetuo o imborrable, mientras que lo que no resultó se lee para aprender, se elimina y se sigue escribiendo las veces que sea necesario hasta que llegue el día en el que se pueda crear la página casi perfecta, aquella en la que cada palabra queda grabada en el alma.

Resulta alentador detener la cuenta en doce para reiniciar con otra cuenta de meses llenos de nuevos días. Este hecho es casi tan poético como una bocanada de aire fresco que trae consigo el sentimiento de renacimiento. Sin embargo, muy pocas veces nos percatamos de que el tiempo no cambia por sí mismo, sino que, por el contrario, se convierte en simple testigo de cómo nosotros somos capaces de modificarnos, por lo que, si el interior permanece malamente estático, no importará entonces cuántos nuevos días existan llenos de nuevas oportunidades, pues el trayecto en la vida del hombre equivale a la plantación de una semilla cuyo crecimiento se vela rindiendo fruto a través del riego, pues, de no suceder esto, estamos destinados simplemente a esperar la muerte de lo sembrado.

Entonces partamos de cero, de un nuevo inicio, del punto en el que no importa el día, minuto o segundo en el que te encuentres, pues desde allí se marcará el arranque. Por ello, toma el lienzo en blanco renovado y pinta con el corazón de nuevo; en aquella nueva hoja de la memoria, redacta sin parar pero con mayor cautela, y si aún no encuentras las notas que produzcan armonía en tu vida, sigue intentando hasta escuchar la melodía perfecta, pero sobre todo, continúa creyendo para que el espíritu siga adelante, para hacerle saber y sentir que más allá de donde llega tu mirada, de donde tus sentidos dejan de percibir, en el lugar donde la mente se funde un fuego abrasador, crece por dentro, justamente es ahí donde se encuentran los sueños y donde lo importante no será llegar primero, mucho menos contar el número de pasos dados, pues no siempre dejan huella; lo principal, lo que prevalece como único objetivo es el ser para poder encontrarse a uno mismo.

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