Gente pensante, no borregos que siguen a la manada
Bufete jurídico, columna de José Luis Ripoll Gómez: Gente pensante, no borregos que siguen a la manada
Vivir sin filosofar es, propiamente,
tener los ojos cerrados,
sin tratar de abrirlos jamás.
René Descartes
Durante mucho tiempo el estudio de la filosofía ha estado presente en las escuelas preparatorias y hasta en el nivel de licenciatura. En el nivel de secundaria, solo como complemento de materias, como valores en ética y formación cívica. Sin embargo, en los últimos años ha permeado una idea absurda: sacar a la filosofía de la currícula escolar, porque, según sus impulsores, no sirve de nada a los educandos. Según ellos, no es una materia que contribuya a su formación profesional de forma dinámica ni práctica. Es una materia simplemente especulativa.
Sacar a la filosofía de la currícula escolar sería un error que no debemos permitir. En una época marcada por la premura de la información, las redes sociales, la inteligencia artificial y la abundancia de opiniones, nuestros jóvenes necesitan, más que nunca, aprender a pensar, a cuestionar, argumentar y distinguir entre lo verdadero y lo falso. Precisamente es una de las aportaciones de la filosofía. José Ortega y Gasset sostuvo: “Cuando enseñes, enseña también a dudar de lo que enseñas”.
La filosofía no consiste solamente en conocer o en lo que pensaban Sócrates, Platón, Aristóteles o Kant. Significa también preguntarnos quiénes somos, hacia dónde vamos, qué es la justicia y la equidad, qué entendemos por libertad, qué está bien y qué está mal, y qué responsabilidad tenemos frente a los demás. Enseñar filosofía es formar ciudadanos capaces de razonar y no simplemente repetir ideas de otros.
Una sociedad que deja de enseñar a pensar corre el riesgo de formar simples personas fácilmente manipulables. ¿A quiénes les conviene gente dócil sin opiniones propias? La educación no debe limitarse a preparar para el trabajo; también debe preparar para la vida, la convivencia y para ejercer plenamente la libertad.
Por eso la filosofía no debe salir de las aulas. No como una materia del pasado sino como una para comprender el presente y prepararse para el futuro. Insistimos, enseñar a pensar es, en última instancia, enseñar a vivir con mayor libertad y responsabilidad.
En una ocasión, un buen amigo, influenciado por la dinámica económica de la sociedad dominante, me cuestionó: ¿qué ganamos con saber filosofía? Evidentemente no puede verse la filosofía con un carácter mercantil en una sociedad dominante.
La filosofía va más allá de eso. Enseña a cuestionar las instituciones, la vida y sus grandes interrogantes. Ni más ni menos.
Debemos cambiar el chip social en torno a la filosofía. Que la perciban que nos enseña a pensar, en tiempos en donde lo que menos quieren los perversos es que las personas piensen por sí solas. Que sólo obedezcan órdenes sin cuestionar en lo más mínimo. La filosofía hace gente pensante, no borregos que siguen a la manada.
