Garantía constitucional mínima para gobernar
Bufete jurídico, columna de José Luis Ripoll Gómez: Garantía constitucional mínima para gobernar
“No debes tener dos amores, es muy complicado besar en dos bocas, sus nombres te causan errores y mucho he notado que no se equivoca”, dice una popular canción de Manuel Ascanio. Esto mismo es el centro de la reforma constitucional en materia de gobernar el país o un estado con una sola nacionalidad.
No es una reforma constitucional para prohibir la doble nacionalidad. Esta reforma no es una afrenta a los derechos de las personas con doble nacionalidad, sino una garantía jurídica para gobernar el país y/o algún Estado de la República, con un requisito mínimo de nacionalismo. Es decir, evitar que personas que tengan otro vínculo con un país diverso puedan llegar a ser presidentas o presidentes.
Próximamente será aprobada esta gran reforma constitucional para garantizar que quienes aspiren a gobernar la República Mexicana o algún Estado federal sean mexicanos por nacimiento renuncien a cualquier otro vínculo con país extranjero o simplemente no hayan adquirido otra nacionalidad extranjera.
En nuestro país mucha gente confunde nacionalidad con ciudadanía. La primera es el vínculo jurídico-político entre una persona física o moral con el Estado. Tratándose de la segunda, se trata de una cualidad de las personas. Es decir, según la Constitución federal, son ciudadanos las personas que hayan cumplido 18 años, sean mexicanos y tengan, además, una forma de vida honesta. Puedes ser mexicano sin ser ciudadano, pero no puedes ser ciudadano sin ser mexicano.
De lo que se trata es evitar que personas con otros vínculos jurídico-políticos sean presidentas o presidentes y gobernadoras o gobernadores. Tratándose de estos últimos, cada entidad federativa deberá ajustarse a los criterios para la elegibilidad del titular del Poder Ejecutivo federal.
La reforma debe llamarse reforma constitucional para la elegibilidad del titular del Poder Ejecutivo federal. Imagínese usted, estimado lector, que una persona mexicana que vive en el barrio de Santa Ana pero adquirió nacionalidad americana aspire a ser gobernador de Yucatán. ¿Quién nos garantiza que sus decisiones estarán blindadas contra cualquier influencia americana? Que no apoyará las decisiones imperiales de Trump. Qué gobernará con sentido de amor a Yucatán y a México. Todos sabemos que ha habido mexicanos por nacimiento, que, sin tener otra nacionalidad, han gobernado infamemente el país, pero ese pretexto no es válido para menospreciar la reforma constitucional que se busca aprobar. Ya de por sí hemos sufrido con malos mexicanos, para arriesgarnos a que una persona con vínculos extranjeros venda los intereses del país a intereses mezquinos. Coincidimos con Juan Pablo Duarte: “Los enemigos de la Patria, por consiguiente nuestros, están muy acordes en estas ideas: destruir la nacionalidad aunque para ello sea preciso aniquilar a la nación entera.” Atacan el proyecto alegando argumentos falaces sin centrarse en las verdaderas causas del amor a México. ¿Usted cree que a Trump le gustaría que gobernara EU un nacional mexicano?
Reiteramos que la reforma no aniquila la posibilidad de tener dos o más nacionalidades; es una garantía mínima nacional que deben cumplir las personas
