Borrón y cuenta nueva en salud; gran oportunidad

Debate y salud, columna de Jacinto Herrera León: Borrón y cuenta nueva en salud; gran oportunidad

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Los cambios en hospitales y dependencias de salud suelen anunciarse con discursos de renovación, esperanza y eficiencia. Sin embargo, en muchas ocasiones, los relevos terminan convirtiéndose únicamente en un cambio de nombres, mientras las viejas prácticas permanecen intactas detrás de escritorios, archivos y estadísticas maquilladas. Hoy, más que nunca, el sistema de salud necesita algo más profundo: un verdadero borrón y cuenta nueva, sustentado en auditorias serias, transparentes y humanas.

Cada re-estructuración hospitalaria representa una oportunidad histórica para revisar qué se hizo bien, qué se toleró indebidamente y qué recursos desaparecieron entre el papel y la realidad. Porque una cosa es lo que muestran los informes administrativos orquestados por directivos corruptos y otra muy distinta lo que vive diariamente el paciente que espera medicamentos, estudios, camas o atención digna.

Durante años, en diversas instituciones de salud del país, se normalizaron prácticas que lesionan silenciosamente al sistema y en la “Industrial de nuestra Mérida”, no es la excepción: inventarios inflados, compras poco claras, equipos reportados como funcionales pero inservibles en la práctica, medicamentos “existentes” en documentos pero ausentes en farmacias, así como indicadores alterados para aparentar eficiencia. El problema no siempre radica únicamente en grandes actos de corrupción; también existe una cultura permisiva del maquillaje institucional donde la simulación sustituye a la solución.

De forma “sorpresiva y no programada”, deberían realizarse auditorías integrales, no únicamente financiera, sino operativa y ética. Revisar almacenes físicamente, verificar existencia real de equipos, confirmar funcionamiento de áreas críticas y evaluar productividad auténtica del personal administrativo y operativo. El papel puede resistir cualquier cifra; la realidad hospitalaria no.

Resulta alarmante observar cómo en ocasiones aparecen reportes impecables en oficinas climatizadas mientras el trabajador de base improvisa material, reutiliza recursos o enfrenta carencias elementales.

Un borrón y cuenta nueva no significa persecución política ni revancha administrativa. Significa rescatar credibilidad. Significa entender que la salud pública no puede seguir dependiendo de inercias burocráticas, simulaciones o pactos de silencio. La sociedad merece saber en qué se invierte cada recurso por qué muchas veces no se refleja en mejores condiciones de atención.

También es momento de proteger al personal honesto, que existe y resiste diariamente dentro del sistema. Médicos, enfermeras, camilleros, laboratoristas y trabajadores comprometidos suelen ser los primeros afectados cuando la corrupción administrativa consume presupuesto destinado a insumos o infraestructura. Ellos terminan cargando el peso del descrédito institucional ante la molestia legítima de los pacientes.

México necesita hospitales con menos maquillaje estadístico y más verdad clínica y administrativa. Porque mientras las cifras intentan aparentar eficiencia, miles de ciudadanos siguen esperando cirugías, consultas y medicamentos. El fénix sigue esperando resurgir.

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