Una mirada a la psicología positiva (II). De la felicidad a una vida con sentido

Palabra de mujer, columna de Ivette Laviada: Una mirada a la psicología positiva (II). De la felicidad a una vida con sentido

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En nuestra entrega anterior hablamos de psicología positiva y de aquello que la investigación ha identificado como elementos importantes para el bienestar: emociones positivas, involucramiento, relaciones, sentido y logros. Pero dejamos pendiente una pregunta fundamental: ¿basta con ser felices para alcanzar una vida plena?
Probablemente no, si entendemos la felicidad únicamente como sentirnos bien.

La experiencia humana nos demuestra que podemos atravesar momentos difíciles y, sin embargo, reconocer que nuestra vida tiene un enorme valor. Pensemos en una madre que se desvela cuidando a su hijo, en quien acompaña a un familiar enfermo, en alguien que trabaja durante años para alcanzar una meta o en quien renuncia a una comodidad para ayudar a otro. No necesariamente experimentan placer en ese momento, pero saben que aquello que hacen tiene sentido.

Ahí encontramos una diferencia fundamental entre buscar solamente emociones agradables y construir una vida con propósito.

La psicología positiva ha puesto especial atención en nuestras fortalezas personales. Algunas están relacionadas con la sabiduría y el conocimiento; otras con el coraje, la humanidad, la justicia, la templanza o la trascendencia. Conocerlas nos permite desarrollarlas, pero quizá lo más importante ocurre cuando dejamos de utilizarlas exclusivamente para nuestro beneficio y comenzamos a ponerlas al servicio de los demás.

Porque difícilmente construimos una vida plena mirándonos únicamente a nosotros mismos.

Necesitamos vínculos profundos, amar y sentirnos amados, pertenecer, descubrir que somos importantes para alguien y saber que nuestra existencia puede aportar algo a los demás. De ahí que una pregunta todavía más interesante que “¿qué puedo obtener de la vida?” sea “¿qué puedo aportar con mi vida?”
Es precisamente ahí donde aparece la trascendencia.

Trascender significa reconocer que nuestra existencia puede ir más allá de nuestros propios intereses, éxitos o satisfacciones. Nuestros talentos, capacidades y experiencias adquieren otra dimensión cuando contribuyen al bien de alguien más.

Y para quienes vivimos una dimensión espiritual, esta búsqueda puede llegar todavía más lejos. La vida deja de ser solamente un proyecto que nosotros construimos para ser reconocida también como un don recibido y una vocación que vamos descubriendo. La pregunta ya no es únicamente “¿qué quiero hacer con mi vida?”, sino también “¿para qué he sido llamado y a quién puedo servir con ella?”.

Esto explica quizá por qué algunas personas que han atravesado grandes dificultades conservan una sorprendente capacidad para amar, agradecer y servir. No significa romantizar el sufrimiento ni pensar que las adversidades son necesarias para crecer; significa reconocer que incluso frente a aquello que no hubiéramos elegido podemos encontrar una respuesta llena de sentido.

La psicología positiva nos invita a cultivar nuestras fortalezas, relaciones, gratitud y propósito. Pero la reflexión puede llevarnos todavía más lejos: la felicidad no siempre se encuentra cuando la perseguimos directamente; muchas veces aparece como consecuencia de una vida entregada a aquello y a aquellos que verdaderamente importan.

Al final, una vida plena no es solamente aquella en la que hemos sido felices, sino aquella que ha valido la pena vivir y que, de alguna manera, también hizo mejor la vida de los demás.

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