Una mirada a la psicología positiva. Mucho más que pensar positivo

Palabra de mujer, columna de Ivette Laviada: Una mirada a la psicología positiva. Mucho más que pensar positivo

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El amor, la felicidad y el deseo de llevar una vida plena han acompañado siempre al ser humano. Pero ¿qué significa realmente ser feliz?, ¿se trata simplemente de sentirnos bien o podemos aprender a construir un bienestar más profundo y duradero?

En 1998, el psicólogo Martin Seligman, de la Universidad de Pennsylvania, impulsó el desarrollo de lo que hoy conocemos como psicología positiva, proponiendo ampliar la mirada de una ciencia que había concentrado buena parte de sus esfuerzos en estudiar los trastornos y el sufrimiento psicológico. Sin dejar de atender la depresión, la ansiedad o el trauma, se propuso investigar también aquello que permite al ser humano desarrollarse y florecer: sus fortalezas, relaciones, esperanza, resiliencia, gratitud y sentido de vida.

Después de más de dos décadas de investigación sabemos algo importante: la psicología positiva no consiste simplemente en “pensar positivo” ni en repetirnos que todo está bien cuando evidentemente no lo está. Tampoco significa negar la tristeza, el dolor o las dificultades. Hay circunstancias que no elegimos y acontecimientos capaces de cambiar nuestra vida; sin embargo, muchas veces sí podemos trabajar nuestra manera de responder ante ellos.

Ahí aparece una de nuestras grandes capacidades: la posibilidad de elegir. Podemos decidir qué relaciones cultivamos, qué actitudes alimentamos, cuáles son nuestras prioridades y qué hacemos frente a muchas de las circunstancias que nos toca vivir. No podemos controlarlo todo, pero tampoco estamos condenados a permanecer pasivos ante lo que nos sucede.

Con los años, Seligman sintetizó el bienestar mediante el conocido modelo PERMA, formado por cinco elementos: emociones positivas, involucramiento o compromiso con aquello que hacemos, relaciones humanas significativas, sentido o propósito y logros. Desde esta perspectiva, la felicidad es mucho más que “sentirse bien”: implica aprender a vivir bien.

Desde tiempos remotos se han distinguido dos maneras de entender la felicidad. Una es la hedónica, relacionada con el placer y la satisfacción inmediata; la otra es la eudaimónica, vinculada con una vida que tiene significado, propósito y dirección. Disfrutar de los pequeños placeres de la vida es bueno, pero construir nuestra felicidad exclusivamente sobre ellos resulta frágil, porque las emociones y las circunstancias cambian.

La psicología positiva propone también prácticas sencillas que pueden favorecer nuestro bienestar: cultivar la gratitud, reconocer nuestras fortalezas, cuidar las relaciones, aprender a disfrutar el presente y realizar acciones buenas por los demás.

Podemos comenzar con algo tan sencillo como preguntarnos al terminar el día: ¿por qué puedo estar agradecido hoy? No se trata de ignorar nuestros problemas, sino de evitar que éstos ocupen todo nuestro campo de visión.

Y quizá podamos añadir otra pregunta: ¿lo que estoy haciendo me ayuda solamente a sentirme bien o también a vivir mejor?

Porque cuando hablamos de felicidad aparece inevitablemente una cuestión todavía más profunda: ¿basta con ser felices para alcanzar una vida plena? De eso hablaremos en nuestra próxima entrega.

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