“Peregrina”: una historia de amor, política y trova yucateca
Reflexiones, columna de Hortensia Rivera Baños: “Peregrina”: una historia de amor, política y trova yucateca
Si ustedes son amantes del séptimo arte, y además gustan de la historia y de la trova yucateca, seguramente encontrarán en “Peregrina”, una razón para volver la mirada hacia nuestro pasado, porque hay historias que no concluyen cuando las luces de una sala de cine son apagadas, o cuando los trovadores interpretan la emblemática canción de amor. Si, es verdad, la memoria de todo un pueblo, se transforma con el pasar de los años y regresa cada vez que una canción, una fotografía o una película nos invitan a mirar nuevamente nuestro pasado. Eso ocurre con “Peregrina”, la canción, la película, la mujer.
Vista desde esa lejanía que el tiempo nos regala diariamente, “Peregrina” nos da la oportunidad de volver sobre ese pasado y sentarnos a reflexionar: ¿qué permanece de un personaje cuando su vida se convierte en leyenda?, ¿un hombre con la trayectoria marcada por las luchas sociales tiene espacio para doblegarse ante el amor?, ¿y cuánto de nuestra identidad se conserva en las canciones y las imágenes que heredamos?
Porque hablar de “Peregrina” significa también recordar quién fue Felipe Carrillo Puerto, ese hombre nacido en Motul en 1874, que llegó a ser gobernador de Yucatán y se distinguió por impulsar reformas sociales, defender los derechos de los campesinos y promover mejores condiciones para la población maya. En ese contexto aparece Alma Reed, periodista estadounidense cuya relación con Carrillo Puerto quedó ligada para siempre a una de las melodías más entrañables de nuestra tradición musical.
La canción “Peregrina”, con letra de Luis Rosado Vega y música de Ricardo Palmerín, convirtió aquella historia sentimental en una expresión artística que trascendió a sus protagonistas. Y es que el arte puede encontrarse en cualquier sitio, y en este caso, fue después de una tarde de lluvia, en un paseo cotidiano, ya caía la noche, según cuenta el poeta Luis Rosado Vega. Él, junto con Felipe Carrillo Puerto y la periodista Alma Redd, se dirigían caminando a casa del maestro Filiberto Romero, director de la Escuela Musical. Alma Redd quedó encantada con el olor a tierra mojada y lo manifestó a sus dos acompañantes, a lo que Rosado Vega respondió que, todo olía bien cuando ella pasaba. Carrillo Puerto intervino diciendo que aquello debía convertirlo en versos.
El poeta prometió hacer una canción. Rosado Vega cuenta que escribió la letra al llegar a casa; a la mañana siguiente se la entregó a Ricardo Palmerín y dos días después la canción ya había nacido.
La historia de este nacimiento tiene la delicadeza de las cosas que suceden sin que nadie dimensione cuanto han de perdurar.
Hay canciones que parecen pertenecer a todos, porque dentro de sus letras encontramos, tal vez, una parte de nuestra historia.
Peregrina de ojos claros y divinos
Y mejillas encendidas de arrebol
Mujercita de los labios purpurinos
Y radiante cabellera como el sol.
