El lienzo como refugio
Reflexiones, columna de Hortensia Rivera Baños: El lienzo como refugio
Frida Kahlo es universalmente conocida como un símbolo de fortaleza artística. Hablar de Frida es hablar del dolor y de resiliencia. Su arte la convirtió en una de las figuras más destacadas de la pintura del siglo XX.
Magdalena Frida Carmen Kahlo Calderón nació un 6 de julio de 1906 en Coyoacán, Ciudad de México. La primera batalla de Kahlo fue contra su propia autonomía. Tras un accidente que ocurrió, el 17 de septiembre de 1925, Frida, en ese entonces una joven de 18 años, estudiante de preparatoria, inesperadamente el transporte de madera en el que iba fue impactado por un tranvía de metal de la línea Xochimilco, el tren aplastó al camión.
Las lesiones que Frida sufrió fueron: perforación de la pelvis con el pasamanos del tranvía, además de una fractura en la columna vertebral, la clavícula, varias costillas rotas, fractura en una pierna en once lugares diferentes. Sufrió tal cantidad de lesiones y fracturas en el cuerpo que los distintos diarios que difundieron la noticia aseguraban que difícilmente sobreviviría.
Reflexionemos, la ciencia en ese entonces no tenía el avance tan significativo como el que hoy percibimos, los tratamientos para el dolor eran ineficientes. Frida fue intervenida quirúrgicamente en 32 ocasiones sin que ninguna de éstas le devolviera la calidad de vida que ella esperaba. Mantenerse acostada en su cama, prácticamente limitada del movimiento, la llevó por caminos dolorosos. Necesitó de valor para tomar un pincel y plasmar su sentir en la tela. Necesitó determinación, y un alto sentido de la resiliencia.
Ante este abismo, Frida no eligió el silencio, se sujetó fuertemente al autorretrato, como su trinchera, su quirófano, y en su espejo, la salvación de su ser. Su contemplación en el espejo fue clave para su éxito, ella fue su propia modelo, una modelo que no pintaba surrealismo, pintaba la realidad de su vida -como alguna vez declaró-.
Aunado a lo anterior, tres abortos, y un Marido incapaz de ofrecerle un amor pleno. En 1953 se le amputa la pierna derecha, y nos regala una frase tan llena de fortaleza: “pies ¿para qué los quiero si tengo alas pa´volar?”. La vida de Frida demuestra que la resiliencia no es la ausencia de dolor, sino la capacidad de transformarlo en algo eterno, y a través de sus autorretratos, logró lo que su cuerpo y su matrimonio le negaron: una autonomía inquebrantable y un espacio sagrado donde las heridas, muy lejos de debilitarla, la convirtieron en una leyenda inmortal.
Murió en Coyoacán a los 47 años el 13 de julio de 1954, días antes de su muerte escribió en su diario: “espero alegre la salida y espero no volver jamás”.
