Del aula a la vejez. Viaje eterno de amistad y vocación

Reflexiones, columna de Hortensia Rivera Baños: Del aula a la vejez. Viaje eterno de amistad y vocación

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La amistad que se encuentra en el camino de la vida no tiene un valor que se pueda medir por años, más bien, si queremos reflexionar, tendríamos que recurrir a mirar el sentimiento, las huellas dejadas en el camino y todas las experiencias que, acumuladas, podríamos definir como una amistad plena y sincera.

El 5 de noviembre del 2021, la vida nos arrebató la presencia física de una gran amiga; Elma Rosa Castillo Castellanos, excelente ser humano, profesional ejemplar de la educación especial, y para quien escribe estas líneas, la compañera de vida más leal que el tiempo pudo regalarme.

A estas alturas de mi vida, y cuando hablo de ella, todavía se me siguen llenando los ojos de lágrimas, de profunda admiración y respeto. Escribir sobre ella es recordar su vocación, maestra en la educación de personas con trastornos de audición y lenguaje, me detengo a recordarla en este mes que está por concluir y en el que festejamos a los maestros.

Este mundo se ha vuelto un caminar acelerado, que muchas veces olvida mirar a los lados, a las personas necesitadas, ella, eligió el camino de la bondad, dedicar su existencia a dar la mano a quienes más la necesitaran, y así con paciencia y un profundo don de la enseñanza guió la vida de cientos de niños que hoy, seguramente, la recuerdan con agradecimiento. Con el don de detectar las capacidades ocultas de sus
estudiantes, los silencios comprendidos, la ternura y la paciencia, su aula no era una simple maqueta de pizarrón y sillas; era el refugio idóneo para sacar a flote las cualidades de sus alumnos. Sin embargo; detrás de la gran educadora, habitaba el ser humano que tuve el privilegio de conocer y a la que pude llamar amiga, por más de 60 años. Así es la verdadera amistad, no necesita un lazo consanguíneo para poder llamarla familia, se necesitan tormentas y días de luz para afianzar los lazos.

Nos conocimos en la juventud y desde ese rincón que hoy es una memoria lejana, recuerdo las batallas, las pérdidas, los logros, y los secretos inquebrantables que solo guarda la madurez de una amistad plena. No nos dimos cuenta cuándo nos llegaron las canas; sin embargo, fue una lección de vida que juntas con resiliencia afrontamos. Me honra saber que con la misma paciencia que entregaba a sus alumnos en las aulas escolares, con esa misma dulzura, sostuvo mi mano en los momentos difíciles.

Su partida física sigue doliendo, pero su historia sigue latente en cada uno de sus alumnos que hoy ya son personas adultas, su luz sigue latente en los corazones de las personas que decidimos no olvidarla. Profesora Elma Rosa, tu viaje por la tierra terminó hace años, pero tu siembra es sin lugar a duda; eterna. 

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