Donde antes hubo ramas, hoy arde el concreto

Reflexiones, columna de Hortensia Rivera Baños: Donde antes hubo ramas, hoy arde el concreto

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Recorrer las calles de la ciudad de Mérida pasadas las 11 de la mañana es como adentrarse a un temazcal en plena urbe. Hemos sentido en carne propia una ola de calor tan extrema como alarmante. Y es que pareciera una broma, especialmente cuando la humedad se deja sentir con todo, disipando la sensación térmica, de tal manera, que uno piensa dos veces antes de salir a la calle sin protección solar en la piel, una sombrilla y la suficiente cantidad de agua como para mantener hidratado el cuerpo. Pero todo lo anterior tiene nombre: efecto de isla de calor urbano.

Los que antes tuvimos la oportunidad de conocer Mérida y su muy poblada vegetación, damos fe de la brisa refrescante que permitía que el clima en la ciudad fuera un lugar agradable. La plancha de concreto en la que se ha convertido la ciudad absorbe el calor del sol durante el día y lo expande lentamente en la noche, impidiendo de este modo que la ciudad se enfríe.

Se dice que, en los últimos 24 años, la marcha urbana de Mérida ha causado la pérdida de casi 16 mil hectáreas de áreas verdes. Solo en la península de Yucatán y debido a la ganadería, la expansión inmobiliaria y la infraestructura, se pierden 196 hectáreas diarias de selva, escribirlo es alarmante, sentirlo es aterrador, y esto no es exagerar, ya que los expertos advierten, que, de no tomar medidas pertinentes en este sentido, Mérida podría vivir en una ola de calor eterna.

De igual manera, los niveles en la calidad del aire de la ciudad están contaminados y es por eso por lo que, nuestra ciudad blanca se ubica entre las ciudades más contaminadas del país, por su mala calidad de aire. Hemos sido testigos de lo anterior; salimos a la calle y el ambiente está cubierto por una neblina.

Por otro lado, es importante estar al tanto de lo indispensable que son los árboles y los beneficios que nos aportan, recordemos la labor de estos seres para nuestra permanencia en el planeta, una de ellas es proporcionar oxígeno, y en este sentido, limpian el aire. La corteza y las hojas de los árboles atrapan las diminutas y absolutamente peligrosas partículas creadas por la combustión de los carros, de igual manera absorben gases tóxicos como el monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, de azufre y partículas como el cadmio, el plomo y el níquel.

Los árboles reducen la temperatura entre 2 y 8 grados centígrados. Si nos ponemos a pensar en el beneficio económico estaríamos hablando de un ahorro en energía eléctrica. Hay que enfatizar que son el hogar y refugio de cientos de especies de aves y animales. Sin lugar a duda los árboles mejoran nuestra salud, ya que se ha demostrado que, al limpiar el aire, reducen de manera importante el cáncer de piel, el asma, la hipertensión y otras enfermedades que tienen relación con el estrés. Con todos estos datos, ¿somos conscientes del daño que nos hacemos, si cortamos un árbol?

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