Elvis Presley o Bad Bunny: ídolos sólidos, ídolos líquidos
Salvando el fuego, columna de Enrique Vera: Elvis Presley o Bad Bunny: ídolos sólidos, ídolos líquidos
Una pequeña anécdota de Gabriel García Márquez relacionada con Elvis Presley contada en alguna entrevista por Joaquín Sabina: Se preparaba el Nobel para una cena con el rey Juan Carlos, y un nieto le dijo: “¿Dónde vas?”, “a cenar con el Rey?”, “¿con Elvis?”, preguntó el nieto. Elvis Presley; el único Rey en la educación sentimental de muchos.
También es importante decir como buen republicano que los reyes y reinas están bien en los cuentos. Nada más. Ya va siendo hora de erradicar instituciones nada democráticas por definición en pleno XXI.
En fin, mucho se ha debatido y polemizado sobre la relación de cultura, los ídolos del presente en comparación con los del pasado. Una de las características más evidentes de la generación millennial que se va acercando a los 30 y comienza con la compulsión de convertirse en todo aquello que odiaron.
Sólo basta echar un vistazo en ciertos perfiles millennial en redes sociales para encontrar frase como “Bad Bunny no es música”, “ya no se hace música como antes”, “ya nada no es lo mismo”, así comentarios hasta el infinito.
Es decir, los mismos comentarios que generaciones anteriores hicieron previamente. El hecho fundamental como un analista del hecho social no es odiar a Bad Bunny (odiarlo se ha convertido ya en una pose) sino en comprender el fenómeno de masas que representa, independientemente de tus preferencias musicales.
Eso sí, hay una pregunta y una respuesta que define el síntoma de nuestra época: “¿Y qué música escuchas?”, “de todo”, suele ser la casi siempre la respuesta. Un análisis superficial nos hablaría de una persona abierta, dispuesta a las posibilidades, a la multiplicidad de ofertas. Zygmunt Bauman iría un poco más lejos.
El sociólogo polaco afirma en su célebre libro “La cultura en el mundo de la modernidad líquida que vivimos en tiempos donde impera un discurso del no involucramiento”. Es decir: “Consumo de todo, escucho de todo, pero no me identifico con nada”.
La relación con iconografía de los artistas del pasado es sumamente más potente que la actual, eso es indudable, por la vinculación del ídolo con el espectador donde la fantasía, la imaginación, el deseo jugaban un rol muy importante. Hoy, con las tecnologías de la información, las redes sociales, la relación de los ídolos es distinta, es mucho más directa, pero opera mucho más en el ámbito del consumo y la desechabilidad.
“Rodeado por una multitud de personas en busca de su propio “yo” (…) se puede cambiar infinitamente, ¡qué ilimitada libertad!. Así que busquémonos un “yo”, ¡qué divertido!… Con la condición de que no lo encontremos nunca. Porque en ese caso se terminaría la fiesta”, escribió Sławomir Mrożek.
Choose Life, Veronika.
