Agua, represión y privatización

Letras en libertad, columna de Cristóbal León Campos: Agua, represión y privatización

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El agua nuevamente se ha convertido en un tema central de la discusión pública y política de México, la represión ejercida el pasado domingo en Guadalajara, Jalisco, por el gobierno encabezado por Pablo Lemus, del partido Movimiento Ciudadano, desató no solo el rechazo por las acciones violentas contra los manifestantes que exigían agua limpia y la no privatización del vital líquido, además de la cancelación del pacto que va creciendo con empresas israelíes vinculadas con el genocidio que se comete en Palestina desde hace más de ocho décadas, sino que también propició una alerta que no puede pasar desapercibida, pues justamente el proceso privatizador del agua se ha denunciado desde décadas atrás, durante el periodo más agudo del neoliberalismo mexicano llevado a cabo por el PAN y el PRI. 

En esta ocasión, el tema del agua y su privatización va tomando un nivel mucho más agudo y preocupante, primero porque ya todos hemos visto los videos de ciudadanos del estado de Jalisco donde se observa cómo el líquido que sale de las tuberías del servicio público está totalmente contaminado y es absolutamente insalubre, y segundo porque el Gobierno de Pablo Lemus ha establecido una serie de alianzas con empresas israelíes participes del sionismo genocida que desde años atrás ha desarrollado una estrategia de penetración en América Latina con la finalidad de apropiarse de recursos naturales como el agua, de territorios para crear asentamientos e infiltrar a las fuerzas armadas y a las policías estatales, así como expandir su ideología mediante supuestos proyectos “culturales y educativos”, lo cual no es otra cosa que una forma de difuminar sus ideas en comunidades específicas donde las poblaciones vulnerables y los recursos naturales y materiales se encuentran interrelacionados, siendo, además, la difusión religiosa de un cristianismo evangélico una forma de control subjetivo de comunidades enteras, y todo esto ha sucedido en México con la anuencia de gobiernos conservadores y ultraderechistas, como es el caso actual de Jalisco, aunque se ha documentado la presencia sionista en otras entidades como Chiapas. 

Además, la infiltración sionista en América Latina ha encontrado en los últimos tiempos el apoyo descarado de gobernantes neofascistas en países como Argentina, donde Javier Milei ha comenzado la entrega de territorio y autonomía a favor del sionismo y sus intereses económicos y políticos en la región. La alianza yanqui-sionista que hoy desarrolla el genocidio en Palestina ha usado justamente el agua como una estrategia de guerra al prohibirle a la población palestina su consumo y adquisición, ya sea mediante la ocupación ilegal de territorios donde la producción agrícola es vital para la supervivencia de la población y de la economía local, o al llegar al extremo de establecer leyes que impiden que las y los palestinos acumulen incluso agua de lluvia, por ser supuestamente “propiedad” de Israel, sin olvidar el bloqueo a la ayuda humanitaria; es decir, en estos tiempos de crudeza inhumana, el tema del agua ha llegado a niveles que no pueden reducirse de forma moral y ética a simples convenios económicos, sino que son reflejo de la deshumanización galopante impulsada por el imperialismo estadounidense y el sionismo israelí.

La política extrema neoliberal desarrollada por décadas por el PAN y el PRI en México, hoy vuelve a estar sobre la mesa con las acciones del Gobierno de Pablo Lemus y el partido Movimiento Ciudadano que buscan la privatización del agua y que, ante el reclamo social por la defensa del derecho inalienable de todo ser humano a tener acceso al vital líquido como un bien social, llevan a cabo una violenta represión como la observada el fin de semana pasado, donde de forma cínica una gran parte de las y los manifestantes fueron reprimidos con chorros de agua limpia, lo que no es otra cosa que una muy descarada manera de burlarse del sentir social, pues aquello que se busca defender de la privatización termina siendo usado también para violentar los derechos humanos de las y los manifestantes. La represión fue tan grave que al menos 39 personas fueron reportadas como detenidas, habiéndose liberado a una decena de ellas, pero quedando pendiente la mayoría, al igual que la reparación del daño físico y moral realizado por los agentes represores de Pablo Lemus.

En el mundo el agua es cada vez más escasa debido a la contaminación, el extractivismo y la sobreexplotación del ecosistema, y eso la convierte en una mercancía potencialmente más lucrativa que el petróleo, por lo que grandes corporaciones transnacionales se encuentran a la caza de los principales acuíferos y reservas de agua dulce del mundo. El permanente despojo y la acumulación originaria que guía las acciones de los intereses privados capitalistas han generado una guerra de saqueo desde mucho tiempo atrás, en gran parte del orbe se repite este proyecto de depredación con modificaciones a las leyes y contratos concedidos desde el poder a empresas inhumanas, y con falsas justificaciones mediante campañas mediáticas y acciones a favor de la privatización, mientras que millones de seres humanos viven en extrema pobreza y cientos de zonas naturales son destruidas por la minera, la extracción de petróleo y demás industrias. Además, no olvidemos que una parte de la deuda de México con los Estados Unidos se ha pagado con el vital líquido. El agua es la vida y hay que defenderla.

Estos acontecimientos, la privatización del agua, su contaminación y la entrada de empresas sionistas-genocidas a México, no son ajenos a Yucatán, pues apenas hace un par de días que se reveló por medio de videos en redes sociales la presencia de representantes israelíes que buscan establecer acuerdos económicos que les permitan desarrollar proyectos agroindustriales y de otros rubros con base en la explotación de la riqueza natural, poniendo en riesgo los ecosistemas de la entidad y la soberanía de la nación. Y no puede olvidarse el hecho de que, durante el sexenio pasado del exgobernador panista Mauricio Vila Dosal, se firmaron acuerdos de intensiones económicas con empresas israelíes, lo que deja claro que la ultraderecha aspira a someter a la región a los intereses oscuros de la alianza yanqui-sionista. 

En este panorama, recordemos siempre que en la lógica capitalista todo es mercancía, por ello, desde hace años que el agua se vende y diferentes empresas se hacen millonarias comercializando el mayor recurso natural para la vida, y ahora en América Latina se pretende agudizar el campo de batalla de una guerra confeccionada para destruir el patrimonio de nuestros pueblos, convirtiéndolo en mercancía al cual accederemos pagando un doble precio; el del dinero y el de nuestra salud y dignidad humana.

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